
Chasqui
73, 2001
OPINION PUBLICA¿Cómo el Presidente Chávez mantiene su popularidad?
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| Hugo Chávez Frías,
el presidente venezolano que ha batido récords de triunfos electorales
consecutivos, a dos años de gobierno, no sólo mantiene altos
niveles de popularidad, sino que supera en seis puntos su propia marca,
es uno de los personajes más controversiales y notorios de la opinión
pública internacional. Entre el amor y el odio se reparten quienes
sobre él opinan cotidianamente a través de los medios de
comunicación social, porque Hugo Chávez es todo un fenómeno
comunicacional.
Se le considera el presidente venezolano que más ha viajado, pero también, es el presidente que más le ha hablado al país y, sin lugar a dudas, el más citado y reseñado por los medios, aunque mayoritariamente sea para criticar sus ejecuciones. Cadenas de radio y televisión, ruedas de prensa, declaraciones y reseñas de sus ininterrumpidas actividades de lunes a domingo, forman parte de su vida mass-mediática. Tuvo un programa de televisión y mantiene uno radial titulado "Aló, Presidente", donde cada domingo cuenta lo que ha hecho y hará, y conversa con el público que, fundamentalmente, lo llama para plantearle problemas a los que él promete solución. Sus detractores descalifican a las encuestadoras que le otorgan altos índices de popularidad (más del 60%) y el alto porcentaje de la población que ve sus programas y cadenas, pero, invierten la mayor parte de su energía y tiempo en rebatir y contestar lo que él dice. Su discurso agresivo es "agenda" segura en los medios nacionales y regionales, porque "Chávez y su Gobierno" son el gran tema en Venezuela, en magnitud sin precedentes, y con una libertad de expresión tan amplia que abarca desde la reseña puntual hasta el sarcasmo, pasando por la crítica y el insulto. Cuando sale a la calle, venezolanos humildes de todas las edades quieren tocarle, notándose una particular empatía con los niños. Cartas, pedidos, papelitos con mensajes de amor, poemas, canciones y hasta fotografías, forman parte del repertorio que un equipo que siempre le acompaña tiene que inventariar y procesar. Chávez no permite que le priven del contacto con su gente, ambiente en el cual se siente como pez en el agua. Ese es "Chávez", como familiarmente le llaman, muy a su gusto. Un Chávez al que se caricaturiza con prolongada nariz, grandes orejas y labios, y una pronunciada verruga en la frente, y al que tantas mujeres del pueblo le encuentran "bello". Son los extremos de amor y odio que genera el líder. No son pocos los que han llegado a su despacho en actitud hostil y han salido afectados por la penetrante y franca mirada del sabanetero que habita Miraflores, que conversa tuteando, da palmadas a extraños, ríe, gasta bromas, hace chistes buenos y malos, y canta. Si nos preguntamos qué ocurre con este militar retirado que llegó por la vía democrática al poder, después de intentar un golpe y capitalizar un descontento generalizado, para mantener tan alta popularidad después de dos años de gobierno, podríamos ensayar varias respuestas: |
Nueva forma de hacer
política
Este estilo no había sido empleado por presidentes anteriores. Rafael Caldera, de profunda inteligencia, formación y memoria, fue sumamente formal y siempre practicó la comunicación distante que es habitual en un presidente, a pesar de que institucionalizó las cadenas semanales de radio y televisión. Carlos Andrés Pérez, de indiscutible carisma e hiperactivo como Chávez, se afilió también a la formalidad presidencial en sus actuaciones públicas y privilegió el uso de la publicidad para defender su gestión. Ambos repitieron en el gobierno, aunque con períodos de por medio. Chávez aspira a ser reelecto para un segundo período consecutivo, ahora posible con la nueva Constitución. ¿Qué ocurrirá en el futuro?El final de esta historia no lo conoce nadie. La oposición contesta fuertemente; no obstante, le falta organización y madurar nuevos líderes. La pobreza latinoamericana y tercermundista tiene expresiones aún no controladas en Venezuela. Desde adentro y desde afuera se apuesta, con fuertes sumas de dinero, al fracaso de Chávez; para ello son útiles explosivos en escuelas, manifestaciones callejeras programadas y campañas de desprestigio internacional; todo eso constituye, indudablemente, una fuerte amenaza para un líder polémico y un gobierno que no ha arrancado del todo. Si a la vuelta de un año persisten serios problemas sociales, sería fácil suponer que la desesperanza minaría la popularidad. De todos modos, nada es lógico cuando se trata de un presidente que se escapa sin escoltas a la medianoche, en compañía de una periodista denunciante de abusos policiales, y manejando un vehículo rústico a la medianoche, para ir al encuentro de unos testigos. O el presidente que en plena
campaña de relegitimación, recorre largas carreteras al volante
de una camioneta donde sus acompañantes han sido vencidos por el
sueño y el cansancio del día. Sería interesante saber
qué piensan de su futuro los empleados de los peajes que,
a través de la ventanilla, veían sorprendidos a su Presidente,
conduciendo y pagando la tarifa como cualquier paisano.
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