
| [inicio] Chasqui 69, marzo 2000 ENSAYOLa Luna Una experiencia radial en la caída de Mahuad
Paco Velasco |
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| Un
médico decía el otro día: "Los movimientos sociales"
seguramente se sienten identificados con La Luna, pero la audiencia de
la radio no se siente representada por esos "movimientos sociales" sino
por la emisora misma.
Cuando nació La Luna el entonces alcalde de Quito Jamil Mahuad fue uno de los padrinos. Luego llegó a la presidencia y la emisora respaldó la firma de la paz con el Perú. Nos parecía lo correcto. Le tenemos terror al costo de la guerra y a los falsos patrioterismos. Apoyamos la paz aun a costa de nuestra audiencia. En las "Tribunas Ciudadanas" que son los programas de teléfono abierto algunos oyentes nos criticaron llamándonos "mahuadistas, peruanófilos". Asumimos el riesgo. |
| La
antesala del desencanto
El pacto del Mahuad con Nebot para lo del 1% a la Circulación de Capitales, fue el primer paso de la gran decepción. De allí en adelante cada "metida de pata", cada indecisión, contribuía a hundirle más y más al régimen. Y a nosotros nos iba aumentando la desgana, la incertidumbre: ¿Qué le pasa a este hombre que parecía tan sensato? Aun así, en la crisis de marzo del 99 con los taxistas tomados la capital y en la de julio con la presencia de más de 15 mil indios en Quito, la radio no abonó el terreno para la caída de Mahuad. La prisión del ex-banquero Fernando Aspiazu hizo que en los sondeos ciudadanos, entre el 40 y el 50 por ciento de las llamadas telefónicas todavía le dieran "chance" pidiéndole rectificación al presidente, no su renuncia. Una de las caricaturas musicales que hizo La Luna decía así en ritmo de son: "No me dolorices Jamil,
Y no por los dólares o anuncios de la dolarización sino por el dolor que causaba cada mal paso del presidente que era peor que el anterior. Pero el desencanto se convirtió en ira. Las noticias de la plata entregada a los banqueros corruptos, los tres millones de dólares que le regaló Aspiazu a Mahuad para la campaña más el feriado y el congelamiento, hizo que se virara la tortilla. A las vacaciones navideñas fuimos con la sensación de que el ambiente olía a comida para gallinazos. "Prepara todo el equipo de emergencia" recuerdo que le dijo Luis Ramiro Pozo, coordinador informativo del noticiero a Ingrid Coba, productora ejecutiva: "Celulares, minidisk..."Los primeros diez días de enero del 2000 tuvimos como entrevistados a los dos lados de un conflicto que crecía. Jaime Durán, Teodoro Peña, Benjamín Ortiz, Juan Falconí, representando la perspectiva oficial. Ofrecían una imagen sólida, ingenuamente sólida del gobierno. No estaban ni preocupados. Antonio Vargas, Guillermo Landázuri, Salvador Quishpe entrevistados desde el otro sector, decían que la crisis recién comenzaba. Una entrevista que hizo crecer los rumores fue la de Francisco Huerta. El convocaba a una Asamblea de Quito para "tomar cartas en el asunto". Claro que había rumores. Que los militares le habían dicho a Mahuad que tenía que decir tres cosas en el mensaje de año nuevo: 1) Que no regresaba Bucaram, 2) Que no salía de la prisión Aspiazu y 3) Que metería en la cárcel a "unos banqueros más". Mahuad no hizo ninguno de esos anuncios. En cambio decretó la dolarización. Se cruzaron apuestas. ¿Se había salvado? En la radio pensamos que no. Para debatir la dolarización y las circunstancias en las que fue tomada planificamos debates. Lo del jueves 20 de enero nos tomó de sorpresa. Entre lunas y shamanesEsa noche se producía un eclipse de luna. La radio diseñó una jornada especial de cobertura de ese evento astronómico. Desde los estudios se llevaba a cabo una aproximación más cultural. Desde el observatorio en La Alameda estuvimos un grupo de periodistas para informar sobre la dimensión más científica del fenómeno. Entre telescopios e interferómetros presenciábamos el asedio indígena al Palacio Legislativo. Un momento de la transmisión en vivo lo dedicábamos a seguir las incidencias del ocultamiento de la cara visible del asteroide selenita y otro a "perseguir", micrófono en mano, los mitines y marchas desde la Maternidad Isidro Ayora hasta la Iglesia de El Belén. Acá abajo los shamanes invocaban fuerzas naturales y sobrenaturales, la multitud corría, saltaba, gritaba; arriba la blanca diosa jugaba a las escondidas. A la una de la mañana concluimos la transmisión. Y llevamos todos los equipos a la estación. No sabíamos que al día siguiente los íbamos a necesitar y de manera urgente. Ese viernes 21, estaban invitados como entrevistados los dirigentes petroleros, pero ellos mismos no sabían que pasaba. Abrimos nuestra famosa tribuna ciudadana. La gente en las llamadas telefónicas no sabía si apoyar a los indígenas que asediaban a ese desprestigiado congreso o hacer caso de algunas imágenes de televisión que los hicieron aparecer como unos salvajes que pintarrajeaban las caras de funcionarios que habían quedado atrapados en algunas dependencias. De todas maneras las llamadas telefónicas que salían al aire decían que Mahuad debía salir ya. Había insultos, que ya se habían dado demasiadas oportunidades, que alguien que había entregado la plata a Aspiazu no merecía más confianza. Hubo gente que lloró por la radio. Nunca ha habido censura en La Luna cuando hay llamadas al aire y menos ese día. Una fuente fidedigna nos alertó de la inminente toma. Se refuerza el equipo noticioso en el legislativo y se decide trasmitir en vivo las incidencias. "Se logró meter la Sandy al plenario" nos cuenta Ingrid. Se refería a Sandy Chávez que formaba parte de ese grupo de cinco reporteras en torno al Palacio Legislativo. Janeth Ganán, en cambio, estaba en el Palacio Presidencial y Carlota Iñiguez en el Ministerio de Defensa, "por siaca..." Luis Ramiro interrumpe su reporte para el satélite de la Asociación Latinoamericana de Educación Radiofónica ALRED "Perdón, perdón, los indios entraron a Palacio". Ahora sí parecía cierto. Lo que pasó es que el sábado anterior 15 de enero nos hicieron ir de gana a la radio. Dijeron que miles de indígenas llegaban a Quito y total nada. Lunes 17 nadie en el Arbolito. Martes, pocas personas en El Ejido. El miércoles 19 reportamos desde la madrugada que la gente "había entrado a lo bestia" más de cinco mil entre adultos, "guaguas", mujeres y jóvenes. Cobertura en vivoVolvamos al viernes 21. La decisión de que Ingrid Coba, nuestra productora ejecutiva y una de las periodistas más experimentadas reforzara el equipo informativo en el Congreso fue acertada y nos dio resultados. Ella narró desde su perspectiva lo que ocurrió ese día. "Cuando llegué vi gente con banderas. Las puertas por donde yo siempre he entrado estaban cerradas y los indios escogían quienes debían entrar. -Es de La Luna, déjenle entrar- oí desde fuera. Celular en mano corrí tras unos militares. Se iban a reunir. ¡No pasan los medios! fue la orden. En medio de gritos, órdenes y contraórdenes, paso con Bernardo Abad de Ecuavisa. Todavía al día siguiente, recuerdo, tenía moretones en mis brazos producto de empujones y halones de civiles y militares. Dirigentes y militares suben al despacho de Pons. Entran los militares y entra el Bernardo. -Retírese señorita periodista- me gritan desde el lado derecho. -No me voy a retirar- les contesto, y me siento arrimada a una de las paredes del corredor. -Retírese- me repetían una y otra vez. Tenía miedo que me empujaran y me sacaran a empellones. Me agarré de una puerta. ¡Estoy en vivo, estoy en vivo, dame el paso inmediatamente Paco! -casi gritaba por el celular-. La Luna FM estaba en vivo y el Bernardo solo grabando para su canal. -¿Estás en vivo?- me preguntan, les contesto afirmativamente haciéndoles escuchar en mi radio receptor portátil la señal de la estación. Los canales de televisión no podían pasar por microonda algunas cosas, porque les habían cortado los cables. Ahí dimos un buen golpe en la radio que fue como un pequeño premio al trabajo de seguir todo paso a paso, de sacar todo en vivo rompiendo la programación habitual. Ese golpe sucedió en cuanto hizo su ingreso el Coronel Fausto Cobo, director de la Academia de Guerra del Ejército, sólo nosotros difundimos en vivo y en directo sus primeras declaraciones. Además quedó como la única y exclusiva grabación, como bien lo reconoció el diario El Comercio, porque a Bernardo Abad le arrebataron el vídeo cassette y se lo dañaron. Había corrido el rumor entre los manifestantes de que alguien le llevaba información a Mahuad y este buen periodista (Abad) pagó los platos rotos por ese rumor. Eso pasaba arriba ¿Y abajo? Los medios reclamaban con justo derecho que las declaraciones se dieran a todos. Indios y militares ya monitoreaban. -"Si no está sacando en vivo, no le hables- se decían los unos a los otros". A las trece horas se produce la primera baja en el equipo periodístico. En una de las escaramuzas entre policías y manifestantes en el centro de Quito nuestra periodista Monserrath Astudillo viéndose atrapada en una nube de gases lacrimógenos y ya sin poder respirar intenta romper el vidrio de una casa. Quería refugio. Con la mano en la que tenía el handy rompe el cristal y se hiere profundamente con la consiguiente hemorragia y sutura posterior. En el reporte desde Carondelet, Janeth relata que los soldados dijeron que tienen que salir todos los periodistas y que si se quedaban era por su propia responsabilidad. Janeth se queda. Durante todo el día mantuvimos la transmisión en el aire; por supuesto que también recibíamos la opinión de la gente. Vecinos del edificio del Banco Central, haciendo de reporteros contaban lo que allá ocurría. "Que hay gente que está saliendo con unas maletas, que ya llega un helicóptero". Lo que pasaba era que había llegado parte de la reserva monetaria internacional dos días antes y se organizaban operativos de seguridad para poner a buen recaudo ese dinero. En la tarde, para la marcha hacia el Palacio Presidencial también desplegamos todo el equipo periodístico reforzado. Ingrid nuevamente es designada para ir a cubrir desde el centro de ese multitudinario mitin que iba a Carondelet. Nuevamente ella recuerda lo que pasó: "Al frente de la manifestación iba gente de la calle, jóvenes que se iban sumando, luego estaban algunos soldados con sus armas en ristre. Cada cuadra paraban, había desacuerdos, tensión y nerviosismo. -Que no encabecen la marcha los que tienen armas, que nos vean que llegamos sin armas- -No, hay que resguardar la marcha, que vayan adelante los militares- Las alambradas cerca a Palacio estaban abandonadas y las fuerzas militares de la guardia presidencial se concentraron en la propia Plaza Grande. Allí podrían sonar los tiros. Yo estaba con la periodista Lucila Donoso del diario El Universo. Un militar joven y guapo me regaló el pañuelo y nos dijo que cuando nos hale del brazo debíamos lanzarnos al piso". Mientras tanto en el Congreso otra odisea vivía Sandy Chávez. A las seis de la tarde les dijeron a cuatro periodistas incluida Sandy que no les podían dejar salir porque eran la garantía de que no iban a atacar con los comunicadores dentro. A las 8 y media en cambio les dicen que hay noticias de que se planea un ataque para desalojar el congreso y que los hombres ya estaban en la terraza con las armas y que les recomendaban a los periodistas meterse bajo las bancas. Comida en tarrinas -disculpen nomás- y a chuparse la mala noche dentro. En el corredor que da a la García Moreno, Janeth Ganán pasaba su reporte colgada en la ventana con teléfono en mano desde la sala de prensa. Habían "palmado" las pilas de los celulares. Carlota Iñiguez que cubría Defensa tuvo que pedir por favor prestado un celular a los militares para pasar su reporte. En la cabina master en la radio acabamos teniendo cinco números distintos de celular para llamar a Carlota y pedirle las noticias de última hora. A la una y media de la madrugada termina la rueda de prensa con la decisión del coronel Lucio Gutierrez de no aceptar nada y que se subordina a su mando natural el general Carlos Mendoza. Ingrid, Janeth y Carlota conocen por primera vez el baño del salón del gabinete. Al otro día la sorpresa de las siete. Noboa nuevo presidente, pero esto es materia de otro cuento. |
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