
Chasqui
75, 2001
¿Hay
ahora libertad de prensa en Europa Oriental?
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Preocupados
por implantar el libre mercado y la economía abierta, para constituir sistemas
verdaderamente democráticos en los ex satélites comunistas de Europa del Este,
parece que hemos olvidado un pilar: la libertad de prensa. Y tal es la alarma
que a finales de abril el Consejo de Europa ha denunciado la plaga que parece
desbordar y llegar más a Occidente.
La Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa denunció el 24 de abril
pasado los ataques a periodistas y medios de comunicación en Rusia y Ucrania,
pero también otras formas de amenazas a la libertad en Europa. E incluso ha
propuesto se designe un Relator General sobre los Medios de Comunicación en
Europa; algo que América Latina cuenta desde 1998 a través de la Comisión
Interamericana de Derechos Humanos.
Las señales de alarma empezaron a sonar con el escándalo del magnate
ruso Vladimir Gusinski (quien en vía crucis pasó encerrado en España y ahora
se refugia de la furia del Kremlin en Israel) por la intentona de apoderarse de
su cadena nacional de televisión NTV (la única privada) y otras publicaciones
de su grupo Media-Most.
Esto es como una avalancha que no se ha querido ver pero que ha pringado
mucho. En Ucrania se asesina al periodista Gueorgui Gongadze, desaparecido en
septiembre del año pasado, y todos los dedos acusadores apuntan directamente al
Palacio del Presidente Leonid Kuchman. Durante el año 2000 se asesinó a 32
periodistas en todo el mundo, según cifras controladas por “Reporteros sin
Fronteras”, quienes destacan que de esa suma 11 asesinatos ocurrieron en
Europa: cuatro en Rusia, otros tantos en Ucrania y otros en el País Vasco Español.
De acuerdo con el más reciente informe de “Freddom House” sobre la
Libertad de Prensa en el último año (informe 2001) se destaca que de los 27 países
de Europa del Este y de la Confederación de Naciones Independientes, los medios
son “libres” en nueve, en otros 11 son “parcialmente libres” y en siete
“no son libres”. Países como Croacia y Yugoslavia han visto mejorar
sensiblemente en el último año su respeto a la libertad de prensa y en el caso
de Bosnia se adoptó una ley inspirada por la Organización para la Seguridad y
Cooperación en Europa (OSCE). |
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El
modelo anterior
Hasta 1989 y tras el fallecimiento del comunismo, el territorio de la Cortina de
Hierro poseía un control estatal de los medios de comunicación. El acceso a la
información estaba limitado; temas económicos, sobre planes de producción,
instalaciones o cosas referentes a la economía nacional eran catalogados como
“sensibles”. El periodismo de investigación, independiente o crítico no
era ni siquiera la media. En algunos países estaba prohibido hacer oposición o
“subvertir el orden” y en otros con mayor sutileza había la autocensura.
“El periodista del Este no fue educado para comprenderse como un factor
que ofreciera información sino que se veía más bien como un profesor, un
profeta o intérprete de la realidad”, considera Victor Davidoff, especialista
moscovita de medios de comunicación que a mediados de los noventa dirigía el
Globe Press Sindicate. Esa predestinación sigue aún afectando a la región del
Este.
La publicidad como medio primario de financiación de los medios no existía.
Las estaciones públicas deben reflejar los intereses de todos los estamentos
sociales y viven del impuesto mensual por posesión de una televisión o radio. La
reestructuración
Nada más llegados al poder, la nueva clase política dio remezones a los
estamentos comunistas. Hubo cambios sí, pero el sector de los medios de
comunicación no siguió el ritmo. Por lo general se procedió a vender
licencias de televisión y radio, pero dejando un gran papel a las estaciones públicas.
Los diarios del régimen derrumbado perdieron vertiginosamente público y la
muerte fue violenta. En su lugar llegaron diarios con formatos y diagramación más
modernos, a colores, y no podían faltar los sensacionalistas.
En la República Checa, por ejemplo, hasta 1993 se privatizó el tercer
canal de la estación pública de televisión que pasó a ser el primer canal
privado: NOVA. Actualmente hay otra estación de televisión privada de
cobertura nacional: Prima y varias de alcance regional o por cable. En
Eslovaquia, después de separarse de la Rep. Checa en 1993, apareció la radio
privada “Twist” que tuvo que enfrentar duros ataques del entonces primer
ministro, Vladimír Meciar, personaje que le provocó a los eslovacos darse de
bruces en la puerta de ingreso eala OTAN y perder el “primer vagón” de los
que marchan hacia la Unión Europea.
Si vemos a Rusia, observaremos que las bases del mercado medial arrancan
recién en 1996, al amparo del entonces omnipresente Boris Yelstin. Fue ese
mismo personaje el que provoca la formación de bandos que defienden
alocadamente sus zonas de influencia. Putin intenta continuar ese tándem pero
su campaña en Chechenia y aldabazos nacionalistas no conjugan con una prensa
independiente, por lo que decide usar los tentáculos estatales para
controlarla.
Hay que destacar que en el Este ha caído el comunismo y el mundo está
transformándose, pero el Estado sigue presente de varias formas, muy en
especial a través de sus colosos ahora transformados en sociedades anónimas
que influyen en los torrentes de dinero que se destinan a los medios de
comunicación.
El magnate ruso Gusinsky contaba en 1999 con un contrato de venta
exclusiva de espacio publicitario con Video International pero ésta,
sorprendiendo a los analistas, rescindió tan beneficioso pacto (dada la
cobertura y sintonía del canal NTV y los otros medios del Grupo) para pasar a
manejar los espacios publicitarios de las estaciones RTR, OTR (parcialmente pública)
y TV-6. Si bien Rusia cuenta con unos 600 canales de televisión, apenas ORT,
RTS y NTV son consideradas las “estratégicas” por las elites política y
económica.
Esa alianza de Video International parece concederle bases para reforzar
su postura monopólica en cuanto a la venta de tiempo en la televisión y para
“Freedom House” el equipo canales + Video International parece ofrecer un
rostro amable del Kremlin capaz de garantizarse así el establecimiento de sus
intereses.
En países como Turkmenistán la prensa es controlada plenamente por el
Gobierno, los periodistas son meros burócratas prohibidos de comentar algo
opuesto a los líderes. Control así de extenso se ve en Moldavia, donde hay una
estación radial privada que transmite programas religiosos. En Polonia el
periodista puede ser forzado revelar su fuente, mientras que en Kirguizistán
los productores de radio y televisión deben registrarse en una dependencia
controlada directamente por la Oficina Presidencial; los medios deben conseguir
la aprobación para usar la frecuencia y remitir sus calendarios de programación.
Pero en países como Hungría hay plena libertad, gracias a una de las
leyes más avanzadas de la región puesta en vigor en 1995. Pese a ello, un
diario y un semanario debieron cerrar tras perder la cuenta de un enorme banco
controlado por el Estado y luego fueron suspendidos por el ministerio de
Cultura. La Rep. Checa protege la libertad de prensa ya en su Carta de los
Derechos Básicos (de categoría constitucional) aunque el ejercicio de la
prensa crítica aún no es general y el Estado puede influir a través de sus
empresas (bancos, energéticas, empresas de telecomunicaciones, aerolínea,
etc.) qué medio vive. Para 1995, por ejemplo, el diario independiente
“Telegraf” “sucumbió” al poder político de la época y luego debió
cerrar.
Siguiendo en la República Checa hay que resaltar la huelga de brazos caídos
convocada por los empleados (principalmente del departamento de noticias y
deportes) de la Televisión Checa (pública), entre mediados de diciembre 2000 y
principios de enero 2001 que provocó todo un descalabro al evidenciar los lazos
políticos en tan importante medio de comunicación. Se vio que el poder político
controla los medios públicos a través de los organismos institucionales de los
medios o de las dependencias que deben controlarlos. En el caso de la Televisión
Checa (CT)los trabajadores se opusieron a que la Cámara Baja del Parlamento
siguiera “dedeando” quién dirigiría CT. Hubo huelga, transmisión doble:
el bando oficial y el revoltoso; concentraciones en la Avenida Wenceslao que pedían
defender la libertad de prensa.
Los televidentes checos pasaron horas con un mensaje “transmisión
interrumpida” pero quienes recibían la señal por satélite podían ver a los
huelguistas. Incluso el ministro de Cultura checo, Pavel Dostal, y varios
senadores apoyaron a los huelguistas en un largo pulso que aún no concluye pero
que por el momento ha provocado la ampliación en el número de miembros del
Consejo Rector de la CT, así como del Consejo para las Transmisiones de Radio y
Televisión.
A poco de eso en Bulgaria la televisión pública pasó algo similar. ¿Libertad
de prensa? ¿Autocensura? La ex
Europa Comunista no cuenta, por suerte, con un mismo patrón en lo que se
refiere a las ataduras sobre la prensa. Casos como el sucedido a fines de abril
al representante de la OSCE para la Libertad de
Prensa, Freimut Duve, no son usuales. El funcionario canceló una visita a
Bielorrusia por la negativa del Gobierno de ese país a otorgar el
correspondiente visado a uno de sus asesores. En un comunicado difundido por la
OSCE se dice que Duve "no puede aceptar una severa interferencia en la
independencia de su institución por parte de un Estado miembro".
Según la nota, Duve "lamenta que el Gobierno de Bielorrusia, al
tiempo que dio la bienvenida a la visita, negara un visado al asesor que iba a
acompañarlo". La organización recuerda que esa visita había sido
planificada desde hacía meses por el Grupo de Observación y Asesoramiento de
la OSCE en el citado país. Para la agenda se había acordado una serie de
reuniones con un "amplio abanico de periodistas independientes y estatales,
así como con Organizaciones No Gubernamentales relacionadas con la prensa y
representantes oficiales del gobierno". Recordemos que en Bielorrusia están
próximas las elecciones presidenciales.
El presidente bielorruso Alexander Lukashenko puede ser muy mal visto,
pues los medios de comunicación subordinados a su oficina y los medio electrónicos
independientes podrían dejar de existir; pero cuando se trata de comerciar no
hay como impedirlo. Los checos han vendido carne y cereales a ese país y no hay
periodista que pueda analizar a qué precios o si se usaron recursos del
contribuyente checo para subsidiar esas ventas pues el sigilo comercial las
protege. No hay ley en la Rep. Checa que facilite al periodista el acceso a una
información protegida por el sigilo comercial, incluso se puede extender al
publicar un número de identidad nacional.
Pero en esta región además de la intervención oficial, directa o
indirecta, sobre los medios (desde la dureza en Azerbaiyán hasta les mejorías
en Yugoslavia) hay un factor no menos importante: el uso social. Es que hay
cosas por esta región sobre las que la opinión pública tiene un acuerdo tácito
y silencioso sobre lo que no se escribe. Es como si hace diez años un
periodista ecuatoriano escribiese sobre la paz con el Perú, un venezolano sobre
las bondades colombianas en el Golfo de Maracaibo y similares sin esperar dictámenes
al material preparado.
El tema de las minorías nacionales: alemanes expulsados de territorio
checoslovaco tras la Segunda Guerra Mundial, húngaros en la zona sur de
Eslovaquia, los problemas que causan las migraciones de los gitanos del Este a
sus países que intentan ingresar en la Unión Europea, las fronteras, el
irredentismo húngaro, los católicos y los musulmanes en la zona de Los
Balcanes; son apenas unos pocos temas difíciles si no imposibles de tratar en
la región.
Pero el periodista tiene, además, trabajo complicado cuando los propios
altos cargos constitucionales se encargan de denigrar su profesión. El primer
ministro checo, Milos Zeman, ha descalificado a la prensa, la ha tildado de
parasitaria y ha decidido no perder tiempo con ella y si lo hace preña sus
palabras con sarcasmo. Zeman es la continuación del comportamiento del otrora
ex primer ministro checo, Vaclav Klaus (hoy presidente de la Cámara Baja
Checa).
Klaus durante una rueda de prensa con periodistas mexicanos, previa a su
gira por México, (realizada a mediados de los noventa) al responder a nuestra
averiguación de por qué lo consideraban los periodistas arrogante dijo: Pero,
dónde está la libertad. El periodista tiene la libertad de hacer una
pregunta... y la mía es el responderla. Quién dijo que todas las preguntas están
bien formuladas o que hay que responderlas.
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| Chasqui
Apartado 17-01-584 Quito-Ecuador. Telfs. (593-2) 506-149 / 548-011 Fax (593-2) 502-487 E-mail : chasqui@ciespal.org.ec |
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