| Hasta hace pocos años,
caminar con el periódico bajo el brazo y desplegarlo en lugares
públicos conferían a las personas cierto status de burguesía
ociosa o proletariado instruido. Pero ya nadie ostenta con el periódico,
los estereotipos han evolucionado. El llavero -cuanto más
grande, mejor- y el celular han suplantado a los diarios. El
uno es signo de prosperidad y tenencia de cosas, el otro es indicio de
poseer contactos importantes y estar más globalizado que pelota
de fútbol.
Ante las nuevas convenciones
sociales, frente a una información a la que se accede con
mayor rapidez vía electrónica, los editores de periódicos,
los voceadores, los reporteros y comentaristas han puesto el grito en el
cielo: quedarse sin lectores es una manera de morir sin pena ni gloria.
Esta crisis de compradores -ya ni siquiera se usa el papel para esconder
los paquetes de toallas sanitarias- ocasionó un concurso promovido
por la asociación de editores de periódicos de Ecuador.
Las bases de este concurso,
que nos servirán como ejercicio de corrección, pueden ser
un ejemplo clarísimo del por qué los periódicos
pierden unos lectores que jamás cultivaron. ¿Dónde
ha fallado el mercadeo? Para poseer lectores hay que respetarlos,
cuidar el estilo, o sea, editar textos que sean modelo de pulcritud, claridad,
exactitud y naturalidad en el uso del idioma. Por el contrario, las dos
escasas páginas (menos de 200 palabras) con las bases de la campaña
publicitaria para ganar lectores rompieron las más elementales normas
del bien decir: confusas, plagadas de errores e incorrecciones, redundantes
y absurdas. En ellas se demuestra ese desaliño que produce el alejamiento
de los lectores y el descuido en el trato del idioma. Sin embargo, una
cruzada promovida por Iván Carvajal, Manuel Corrales, Simón
Espinosa y otros escritores auténticos luchan para que se respete
la decencia en la expresión. La corrupción invade también
los reductos del lenguaje y los núcleos de la cultura institucionalizada..
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¿Pro-lectoría,
pro-lectores o pro-lectura?
La AEDEP denominó
a la campaña PRO-LECTORÍA. Si la lectoría es el oficio
de algunos clérigos que leían en el refectorio y en los púlpitos
de las iglesias, ya el nombre genera confusión y sobresalto. ¿Querrían
los editores de periódicos promover la lectura de los diarios en
los claustros? ¿Querrían formar lectores callejeros que,
como juglares, voceasen las noticias a los transeúntes? ¿No
hubiese sido más clara una campaña denominada PRO-LECTORES,
PRO-LEYENTES (con el toque de pedantería) o PRO-LECTURA?
Para nublar aún más
el significado de esta "pro-lectoría", se insistió en que
el "objetivo de la campaña era promover la lectoría de periódicos
a nivel nacional", o sea, crear personas que tengan el oficio de lectores
o leyentes en alguna orden religiosa. Y se añadió que
se hacía "con el fin de captar el público con el que no se
cuenta", frase de muy dudoso significado, pues en vez de "con el fin de"
pudiera haberse usado la preposición "para", más certera
y con menos rodeos. "Captar el público que no se cuenta" causa hilaridad,
ya que sería estúpido, por decir lo menos, que captasen el
público de fieles devotos. Siendo esa oración redundante,
hubiese sido mucho mejor haber escrito simplemente para captar lectores,
y punto. Mas como parece que dudaban de la claridad de lo dicho,
volvieron a insistir en que el fin de la campaña era "captar
aquel público que actualmente no compra periódicos". ¿En
qué quedamos: es pro-lectoría, pro-lectores o pro-compradores?
Más rarezas idiomáticas
Pero si el nombre de la campaña
nos extraña por ambiguo y confuso, en las bases encontramos rarezas
idiomáticas como el apartado que denominan "medios a utilizarse".
Esta expresión es un galicismo y es incorrecto. Se debería
decir "medios por utilizarse", o si se desea: "medios que se utilizarán".
Esta forma de expresión está tan extendida que escuchamos
al concejal de los festejos quiteños que leía: "los eventos
a presentarse" (mal, muy mal). El licenciado debería haber leído
"los eventos que se presentarán" o "los eventos por presentarse".
Igualmente se escuchó que "las deudas a pagar", cuando debemos decir
"las deudas por pagar". Si le dicen deudas a pagar, no las pague. Un Ministro
hablaba de "el concurso de ortografía a realizarse". Muy mal, señor
Ministro.
Otro de los apartados se
titulaba "tiempo de duración de la campaña". ¿No era
suficiente el decir "duración de la campaña?" Y proseguía:
"la AEDEP deberá seleccionar (la oferta) que mejor le convenga",
obvio. Escoger la que no les conviene sería una tremenda torpeza.
También leímos: "una vez publicados los avisos en los que
se convoca al concurso", o sea, una vez publicados los avisos de la convocatoria.
En las clases de periodismo se explica que el buen periodista da la mayor
cantidad de información con el menor número de palabras y
excluye lo obvio por ser obvio, claro. Cuestión de economía.
También se explica que la confusión y la ambigüedad
deben extirparse del escrito. El mejor mercadeo para ganar lectores
quizás sea tan sencillo como empezar a respetarlos, enseñarles
a saborear el placer del texto. En resumen, para tener lectores hay que
formarlos.
Consulta de un lector
Un amigo me escribe y explica
que no piensa tener hijos: no desea que se vuelvan prepotentes ni
falócratas; añado que pueden convertirse en esos que utilizan
"falencia" para significar "carencia", siendo una verdadera falencia emplear
carencia en ese sentido, así como desconocen que se puede decir
tendente y tendiente. Al final, si no amamos la lengua e irrespetamos a
los lectores, por qué exigimos que nos lean? Ser leído es
algo que deberíamos merecernos; no un castigo, sí un placer
cuando existe arte en el leer y escribir un texto.
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