
Chasqui
75, 2001
¿Libertad de Prensa o Libertad de Empresa?
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Todo aquel que desée responder preguntas así, que
se comprometa a un trato respetuoso
hacia la Razón o, cuando menos, que prometa
no inventar la pólvora.
Motivos: 1° porque, cansados de tantas sandeces de neófitos, políticos,
sabelotodos y jueces insipientes, vamos
a tener que exigir un mínimo de profesionalismo
a quien desee pronunciarse sobre esas materias,
y 2° porque Libertad, Verdad, Necesidad, Perfección u Objetividad (referidas al Comunicar, o a lo que se quiera) figuran
en la breve lista de aquellos términos que según Razón
connotan los “conceptos o géneros supremos
del entendimiento” alias “categorías”;
y las categorías, perdonen el retruécano, son indefinibles por definición, sólo
admiten finísimos circunloquios y aproximaciones.
El de las categorías es pues un terreno minado y de frontera sobre el que los
grandes de la filosofía han
caminado de puntillas y con radares para no pisar mortales contradicciones,
antinomias, aporías, dilemas, paradojas y absurdos; ¡figúrense un egresado de
business school!. Hay
ejemplos famosos de afirmaciones categoriales
que tropezaron con esas minas: la expresión “todo
es falso” es una impredicable quimera, un absurdo porque no puede incluir
una última verdad, que todo es falso; ser libres – decía Sartre – es estar
paradójicamente condenados a ser libres. Basta pues de
big brothers que
pretenden poseer la Verdad sobre la Libertad. ¡Más respeto por la Razón,
y que impere , en lo posible, la
definición platónica de Justicia: cada
quien a lo suyo!
Sobre Libertad, Verdad u Objetividad como
categorías fundamentales del Comunicar se debate desde que, a fuer de su mediatización y masificación, comunicación y poder tienden a converger.
Irrealizables en su dimensión absoluta (salvo que Dios baje a la tierra a
montar agencias de prensa, periódicos y emisoras), transparentando algo de sí
tan sólo a una minoría afortunada que disponga de muchos conocimientos
previos, mucha capacidad de
confrontación y mucha contra-información (el perceptor común de mensajes es un manipulado por alguien, y punto), dichas categorías
son empero, y hoy más que nunca, los arsenales de donde salen
las principales armas de los
conflictos internos a la relacionalidad comunicativa, y no sólo.
Las libertades del Empresario de
medios y del Comunicador - hoy cruciales
como lo fueron la libertad de navegación en el siglo XVII o de la esclavitud en
el XIX - figuran entre
las fenomenizaciones contemporáneas de aquella mismísima Libertad
que lleva a cuestas siglos de
inconclusas disputas filosófico-jurídicas, y que hoy la banalización, la
instrumentalización y el
paternalismo degradan. Desconfiemos de todo aquel que afirme sin continencia
que él sí sabe lo que son Libertad
o Información veraz y objetiva, que
lo ha sabido desde siempre, y venga con sus sermones, denuncias, censuras y
sentencias. Expongamos al ludibrio todo
el que manipule descaradamente este o aquel aspecto de la Libertad en defensa de intereses económicos o ideológicos.
Denunciemos sin desmayo la demolición del espíritu crítico y libre del
perceptor por obra de manipulaciones, gate-keepers,
omisiones, censuras, autocensuras y crecientes
concentraciones, todo en nombre de
una Libertad y de una Veracidad que lavan más blanco que las de la competencia.
Porque con tantas potencias políticas, económicas y militares despotricando
desde sus medios (o sea casi todos los que existen) sobre Libertad, Veracidad,
free flow y similares, aumenta el riesgo de abandonar definitivamente a
poderosos vicarios nuestra capacidad de divergencia, de mantener en vida la
huerta del pluralismo y de seguir soñando que algún día también seremos
emisores de mensajes. |
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| Chasqui
Apartado 17-01-584 Quito-Ecuador. Telfs. (593-2) 506-149 / 548-011 Fax (593-2) 502-487 E-mail : chasqui@ciespal.org.ec |
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