
Chasqui
75, 2001
PERUMARKETING POLÍTICO Y VLADIVIDEOS
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Luego
de la caída del régimen de Fujimori y su fuga al Japón, el Gobierno de
Transición Peruano convocó a nuevas elecciones generales (presidenciales y
parlamentarias) para el 2001. Estas elecciones se caracterizaron por: 1.
La apertura de diversas posibilidades políticas para el electorado peruano:
después de varios años, nuevos partidos y movimientos políticos
participaron en la contienda electoral, posicionando caras nuevas y haciendo
olvidar, por un momento, la crisis que vivieron las organizaciones políticas.
Sin embargo, estas candidaturas no lograron captar totalmente las preferencias
del electorado durante la campaña, por lo que se mantuvo una tendencia
significativa hacia el voto en blanco y nulo. Otro elemento que contribuyó a
esta apertura fue la aplicación del Distrito Electoral Múltiple para la
elección parlamentaria en la primera vuelta. Este factor descentralizó y
trasladó la atención de las campañas a las provincias, donde se definieron
finalmente los resultados. 2.
Los vladivideos: un factor clave que distorsionó y a la vez condicionó
el desarrollo de esta primera vuelta electoral fue la difusión pública de
videos que comprometían en casos de corrupción a numerosas personalidades,
autoridades, políticos y empresarios vinculados al gobierno de Fujimori y
también de la oposición. La cobertura diaria dada por la televisión a los
vladivideos convirtió el tema de la corrupción en show y espectáculo de las
masas, estableciéndose casi como una “agenda paralela” a las elecciones
durante varios meses. Sin embargo, los vladivideos no solo escandalizaron o
entretuvieron a la sociedad peruana, también influyeron en las decisiones del
electorado y contribuyeron al derrumbe de algunas candidaturas presidenciales. 3.
La discusión programática: a diferencia de otros procesos anteriores, en
estas elecciones se promovió una amplia discusión programática, gracias a
las demandas y presiones de diversos sectores de
la sociedad civil (en numerosos foros, eventos, reuniones, debates).
Sin embargo, esto tuvo poco eco y cobertura en los medios masivos de
comunicación que priorizaron otros temas en su agenda (los problemas del
gobierno de transición, nuevos vladivideos). 4.
Elecciones mediáticas: los medios de comunicación fueron los
protagonistas de las elecciones, definieron la agenda política y fueron
determinantes en los resultados finales. |
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8
de abril: la primera vuelta electoral Antecedentes
y posicionamiento inicial de los candidatos Uno
de los candidatos importantes en la primera vuelta electoral fue Fernando
Olivera Vega (Frente Independiente Moralizador) quien había sido
parlamentario de oposición durante 15 años. Durante ese tiempo, el tema de la
moralización y lucha contra la corrupción caracterizó su labor pública,
convirtiéndose en investigador de sonados casos de corrupción, durante los
gobiernos de García y Fujimori, lo que le ganó las simpatías de un amplio
sector del electorado. Olivera fue el que mostró públicamente el video en el
que aparecía el asesor presidencial Vladimiro Montesinos y el parlamentario
Alberto Kuori en un acto de corrupción, lo que desencadenó la crisis y caída
del régimen de Fujimori. Por
su parte, Lourdes Flores Nano (Unidad Nacional) ha sido dirigente y
parlamentaria de uno de los partidos tradicionales de “derecha”, el Partido
Popular Cristiano (PPC). Sin embargo, por su carácter y capacidades, se ha
posicionado en los últimos años como una nueva líder política y la única
mujer que ha tenido la oportunidad real de convertirse en presidenta del Perú.
Ello le sirvió durante su campaña para canalizar un amplio porcentaje del voto
femenino. Alan
García Pérez (Partido Aprista Peruano) fue secretario general del APRA y
presidente del Perú entre 1985-1990, cuya gestión desastrosa permitió la
llegada al gobierno de Fujimori. Durante los últimos años vivió autoexiliado
en Francia, denunciando una persecución política en su contra. A la caída del
gobierno de Fujimori regresó al Perú y se presentó como candidato
presidencial, a pesar de los diversos juicios que lo comprometían en casos de
corrupción y violaciones de DD.HH. Su experiencia anterior de gobierno y su
gran habilidad política le han servido para impulsar su candidatura en estas
elecciones. Finalmente,
Alejandro Toledo Manrique (Perú Posible) ha sido el líder de la
resistencia contra el gobierno de Fujimori. Debido a su constancia, fue un
factor fundamental para la caída del régimen, logrando aglutinar a los
diversos sectores de la oposición. Promovió la Marcha de los 4 Suyos
movilizando a miles de personas en todo el país por la defensa de la
democracia. Participó como candidato en las anteriores elecciones, donde
Fujimori se proclamó como presidente para un tercer mandato consecutivo. Sin
embargo, estas elecciones fueron declaradas fraudulentas, desacreditando al régimen
y consolidando el liderazgo de Toledo. Los
vladivideos: el blockbuster de la corrupción En
la primera vuelta se ubicaban como favoritos Alejandro Toledo y Lourdes Flores.
Alan García y Fernando Olivera prácticamente no aparecían en las encuestas
iniciales. Sin embargo, esta situación pronto cambiaría ya que la exposición
de los vladivideos comprometía en casos de corrupción no solo a personajes del
gobierno de Fujimori, sino también de la oposición. En
medio del escándalo desatado por los vladivideos, el electorado peruano estaba
totalmente escéptico y desconfiado de los políticos y candidatos. La mayoría
de la población pedía que se hicieran públicos todos los vladivideos
ya que no se sabía por quién votar. Esto hizo crecer la tendencia al
voto blanco y nulo, como una expresión de protesta. Otros pensaban seriamente
en extender el mandato del gobierno de transición, convirtiendo al presidente
Valentín Paniagua en un improvisado y nuevo candidato que aparecía en los
sondeos (sin estar inscrito, ni habérselo propuesto). Lo
curioso es que los vladivideos solo afectaron a algunas candidaturas (Olivera y
Flores) y a otras no (García). Esto se debió a que mucha gente comparaba el
grado de corrupción en los gobiernos de García y Fujimori; a pesar de que
consideraban que durante el gobierno del primero hubo corrupción, ésta no
llegaba al impresionante nivel alcanzado con Fujimori. Estrategias,
caídas y reacomodos políticos Otro
factor determinante fueron las estrategias aplicadas por los candidatos. En el
caso de Fernando Olivera, su problema central fue que nunca logró superar su
imagen como parlamentario: luego de 15 años en el Congreso, la gente lo veía e
identificaba como un fiscalizador, pero, no como un presidente. Asimismo, cometió
errores estratégicos en los últimos tramos de la contienda electoral: trató
de ponerse al nivel del ganador y por encima de los otros contendores,
dirigiendo todas sus críticas contra Toledo y restándole méritos en la caída
de Fujimori, lo que creó una reacción contraria en el electorado (ya que todos
le reconocían ese esfuerzo a Toledo). El
caso de Lourdes Flores era distinto. Por sus cualidades y liderazgo innato,
desde el inicio todos los analistas coincidían en que era la candidata con más
opción para pasar a la segunda vuelta junto con Toledo (donde tenía
muchas posibilidades de ganar). Sin embargo, errores en la configuración
de su lista, en las alianzas establecidas y en su estrategia de posicionamiento
la marginaron de esta posibilidad. Flores
tenía una imagen y pasado como líder de uno de los partidos más conservadores
de la vieja derecha peruana, el PPC, que llevaba el sello o estigma de la clase
alta y media alta que ha gobernado el país durante muchos años. De allí su
dificultad para conseguir el apoyo de los sectores socioeconómicos D y E.
Para lograr ese acercamiento, incorporó en su plancha presidencial a José
Luis Risco, un dirigente de amplia trayectoria sindical, vinculado a la
Confederación General de Trabajadores del Perú y al Partido Comunista Peruano.
El
otro problema era la incoherencia de juntar a líderes con trayectorias políticas
tan distintas: Flores venía del PPC (el ala más conservadora de la derecha
peruana) y Risco del Partido Comunista. Eso era un entrevero político e ideológico
que nunca pudo ser aclarado por Flores, a pesar de sus justificaciones en nombre
de la unidad nacional. Asimismo,
Flores no era tan conocida a nivel nacional como sus principales contendientes,
lo que la obligaba a realizar un doble esfuerzo y desgaste para compensar esa
falta de información y posicionamiento en el electorado de provincias. Otro
problema a lo largo de su campaña fue la fragilidad y movilidad en la intención
de votos. Mientras que Toledo y García llegaban casi al 70% de fidelidad de sus
votantes (electorado que iba a votar por ellos y que no iba a variar de opinión),
Lourdes Flores apenas bordeaba el 50%. Es decir, solo la mitad estaba seguro de
votar por ella, lo que no ocurría con Toledo y García, quienes mantuvieron un
núcleo “duro” e incondicional de votantes durante toda la campaña.
Pero, posiblemente el error más grave de la estrategia de Lourdes Flores
fue el entramparse en una serie de ataques directos a Toledo en la última
etapa. Eso la desgastó y distorsionó la imagen de estadista que quería
proyectar, beneficiando a su contendor más cercano: Alan García. Durante
la campaña, García estableció una estrategia de perfil bajo y ensayó una
autocrítica de su gestión anterior que para algunos sonó sincera. Sin
embargo, ello no logró convencer a muchos sectores del electorado
(especialmente a los empresarios) quienes recordaban la hiperinflación, la
inestabilidad y la guerra sucia durante su gobierno. Con
mucha habilidad política, García se benefició de la guerra entre Toledo
y Flores. Mientras los dos candidatos se desgastaban, él optó por
“mirar desde el balcón” , colocándose por encima de las disputas domésticas,
proyectando una imagen de estadista y sumando puntos para su campaña. Asimismo,
utilizó las críticas a su gestión anterior y las volvió a su favor,
asumiendo el papel de víctima para canalizar el voto sentimental. El sabía que
el electorado peruano siempre se ha solidarizado con los candidatos más
atacados, lo que también ocurrió en esta ocasión. Por
otro lado, García usaba un discurso populista y radical, ofreciendo medidas
efectistas que impactaban rápidamente en los sectores más pobres,
acostumbrados durante muchos años al pragmatismo y asistencialismo del gobierno
de Fujimori (como la creación del banco agrario y la reducción de tarifas de
servicios públicos). De esa manera, García también canalizó el voto de
militantes y simpatizantes de la izquierda y centro izquierda, ante la ausencia
de un candidato que hiciera suyas sus demandas y propuestas. Lo
que llama la atención es que durante gran parte de esta campaña, Alan García
colocó los temas de la agenda política, obligando a los otros candidatos a
reorientar la discusión y ajustar sus programas de gobierno. En ese sentido, un
error que cometieron la mayor parte de estrategas y analistas políticos fue
subestimar la capacidad y habilidad de Alan García, un político profesional
que llegó a ser elegido presidente del Perú con una alta votación y cuyo
partido ha mantenido durante muchos años la tercera parte de las preferencias
electorales. Finalmente,
un factor que benefició indirectamente a García fue la metodología aplicada
por las agencias de investigación de opinión: la mayoría realizaban los
sondeos nacionales en zonas urbanas (ciudades principales e intermedias) y solo
faltando pocas semanas se hicieron también en zonas rurales. Esto es un error,
ya que el 30% de la población peruana es rural y la mayor parte votó por
Toledo o García. Eso explicaría, en parte, el “salto” que dio Alan García
en las dos últimas semanas y que le permitió pasar a la segunda vuelta. En
el caso de Toledo, su estrategia inicial remarcó los símbolos que
identificaron la lucha por la democracia y sus raíces andinas (el Cholo, el
Pachacútec). Sin embargo, pronto se dio cuenta que esa imagen que le dio buenos
frutos en la etapa anterior, resultaba ahora insuficiente. El electorado no solo
quería un defensor de la democracia o un líder de la resistencia. Quería
fundamentalmente un presidente que resolviera los problemas urgentes,
especialmente la falta de trabajo y la pobreza, dándole estabilidad y
gobernabilidad al país. Por
otra parte, durante la campaña electoral, los opositores de Toledo habían
hecho notar diversas inconsistencias en su discurso político (uso de un doble
discurso), así como sobre determinados hechos de su vida privada que nunca llegó
a explicar coherentemente. Ello le obligó a cambiar su estrategia; empezó a
trabajar una imagen seria de estadista, con propuestas y un programa de
gobierno, con un equipo de trabajo solvente, con un discurso que articulaba la
defensa de la democracia y la lucha contra la pobreza y el desempleo. Es
importante remarcar el protagonismo de su esposa, Elian Karp, quien había
contribuido a fortalecer su imagen en la etapa de resistencia, pero, luego empezó
a opacarlo y restarle votos por sus opiniones en relación a ciertos temas. Ello
determinó que Karp pasara a un segundo plano y que todo el peso de la campaña
se centralizara en Toledo. Un
elemento favorable a la candidatura de Toledo fue que la mayoría le reconocía
el importante rol que cumplió en la caída del régimen anterior. Gracias a su
tenacidad y constancia se pudo lograr el cambio de gobierno, en momentos en que
muchos habían perdido la esperanza y que otros celebraban el tercer gobierno de
Fujimori. Asimismo,
gracias a las investigaciones y los vladivideos se pudo corroborar las denuncias
hechas por Toledo sobre la corrupción y el fraude electoral, lo que reforzó su
credibilidad. Finalmente,
Toledo era reconocido por un sector de la población como el presidente moral
del Perú, ya que había perdido con Fujimori en unas elecciones fraudulentas.
Toledo aparecía como la víctima de un despojo injusto. En ese sentido, el voto
sentimental también funcionaba a favor de Toledo. Los resultados de la primera
vuelta confirmaron estas tendencias aunque sorprendieron a muchos: Toledo
36.51%, García 25.78%, Flores 24.30% y Olivera 9.85%. 3
de junio: la segunda vuelta electoral Estos
resultados generaron un terremoto político y económico en el Perú. El paso de
Alan García a la segunda vuelta y la posibilidad de un nuevo gobierno aprista
hizo que cayera la bolsa, se elevara el precio del dólar y que muchos
inversionistas pensaran en retirarse del Perú. El efecto García no solo generó
preocupación en diversos sectores económicos, sino también una amplia discusión
y reflexión sobre la relación entre ética y política, los valores que se movilizan o que sustentan determinadas
candidaturas, las responsabilidades de los electores y los candidatos, así como
la necesidad de una gestión política transparente. Inmediatamente
se generó un reacomodo de las diversas fuerzas políticas, especialmente de los
sectores fujimoristas y montesinistas que dieron su apoyo a la candidatura de
Alan García con la esperanza de negociar la impunidad de los casos de corrupción
que se iban descubriendo a diario. Por otro lado, los medios de comunicación se
realinearon buscando un acercamiento con ambos candidatos. Esto no era casual,
ya que los vladivideos evidenciaron la relación de Montesinos con los
propietarios de los más importantes medios de comunicación. Finalmente,
el descontento de los sectores que habían perdido las elecciones incrementó la
tendencia al voto en blanco y nulo, llegando en algún momento a hacer peligrar
la segunda vuelta. El
tercer candidato: el voto blanco y nulo El
caso que más afectó la candidatura de Toledo durante toda la campaña fue el
de Zaraí, su supuesta hija no reconocida. La negativa de Toledo por hacerse la
prueba del ADN fue asumido por el electorado como la confirmación del hecho y
la mejor evidencia de su paternidad. El
caso de Zaraí fue retomado en la segunda vuelta electoral por el periodista
Jaime Bayli en su programa televisivo “El Francotirador”. Bayli dedicó
varios programas a tratar el tema, siendo criticado por Toledo de estar
vinculado a Montesinos. Ello colocó en una situación incómoda a los
propietarios y directivos del canal de televisión, que habían apoyado la
resistencia contra Fujimori y la candidatura de Toledo. El
hecho coincidió con la renuncia del asesor principal de Toledo, Alvaro Vargas
Llosa quien hizo varias denuncias sobre el financiamiento de su campaña y la
“Marcha de los 4 Suyos”, y sobre intentos de soborno a periodistas que
involucraban a Raúl Diez Canseco, candidato a la primera vicepresidencia por
Perú Posible. Las denuncias fueron cubiertas y seguidas por casi todos los
medios de comunicación, especialmente
por los canales de televisión, que tomaron posición y generaron corrientes de
opinión a favor y en contra de Toledo. Para
entonces, la tendencia del voto en blanco iba en ascenso y era promovido por
diversos sectores civiles. Esta
situación quiso ser aprovechada por Alvaro Vargas Llosa y Jaime Bayli quienes
lanzaron conjuntamente una campaña pública a favor del voto en blanco. Sin
embargo, ambos tenían anticuerpos y antecedentes negativos entre la opinión pública,
lo que originó un efecto contrario, reduciéndose la intención del voto en
blanco y viciado. Al final, la campaña se desinfló, muchas personas que
apoyaron inicialmente esta medida, optaron por votar a favor de uno de los dos
candidatos (en esta repartición, Toledo fue el más favorecido) y el voto en
blanco se mantuvo dentro sus niveles históricos. No
hay primera sin segunda: Toledo presidente Para
la segunda vuelta, Toledo se había estancado y García subía rápidamente en
las encuestas, lo que le obligó a un replanteamiento de su estrategia. Ello
coincidió con la realización del esperado debate entre los dos candidatos
presidencial, que fue trasmitido por todos los medios de comunicación. Esta era
la oportunidad que Alan García había
estado esperando, ya que por sus dotes de orador y habilidad política tenía
una amplia ventaja sobre Toledo y proyectaba una imagen de ganador, mucho antes
de realizarse el debate. El
equipo de Toledo lo sabía y puso numerosas condiciones técnicas que lograron
mediatizar el impacto hipnótico de García sobre los públicos. Lo curioso son
los resultados de los sondeos hechos después del debate: cuando se preguntaba a
la gente por el ganador del debate decían García, pero, a la hora de
preguntarles quién había presentado mejores propuestas sobre los temas
debatidos, la gente señalaba a Toledo. Al final del debate se consideró un
empate. Sin embargo, ello representó una derrota política para García quien
desaprovechó esta oportunidad y una victoria para Toledo quien supo convertir
su debilidad en una fortaleza. El
otro factor clave para definir los resultados en esta segunda vuelta fueron las
estrategias orientadas a captar el voto de los otros candidatos (especialmente
de Flores y Olivera) y de los indecisos. Para fines de abril el número de
indecisos llegaba casi al 40% y la tendencia al voto en blanco y viciado se
mantenía. Por
ese motivo, Alan García trasladó su discurso a los Medios Masivos de
Comunicación, ganando un amplio espacio y cobertura, subiendo en las encuestas.
Toledo insistió en realizar giras por el interior del país, porque sabía que
allí se definirían los resultados finales. Sin embargo, luego de la primera
vuelta los mítines habían perdido efectividad y a pesar de que Toledo seguía
llenando plazas, ello no le sumaba nuevos puntos. A esto se sumaron errores en
la relación con los medios de comunicación: faltando dos semanas para las
elecciones Toledo se había peleado con varios medios que habían sido sus
aliados hasta la primera vuelta, lo que afecto y estancó su candidatura. Al
darse cuenta de su error, Toledo se reubicó en los medios, reforzando su imagen
con apoyo de su familia y de los parlamentarios más representativos de Perú
Posible, quienes aparecieron masivamente en los medios de comunicación. Curiosamente,
la subida de Alan García y la posibilidad de que ganara la segunda vuelta hizo
que muchas personas indecisas o que iban a votar en blanco, rectificaran su
posición a última hora y votaran
por Toledo, lo que le dio la victoria por 52.91% contra el 47.09% de García. El pasado y el pasivo del Gobierno de García fue al final su peor enemigo. Sin embargo, Alan García había logrado con creces su objetivo político: retornar al Perú con un alto nivel de votación, como en sus mejores tiempos. Ahora solo era cuestión de ver y esperar los resultados de la gestión de Toledo y prepararse para las siguientes elecciones presidenciales donde definitivamente él será uno de los protagonistas. El tiempo juega a su favor.
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| Chasqui
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