
Chasqui
65, marzo '99
CONTRAPUNTODiferencias entre periodismo y novelística- Carlos Morales"Plan para desactivar cerebros" es un artículo de Carlos Morales, publicado en la Chasqui 62, en el que critica duramente un estilo periodístico que rompe la estructura tradicional en la redacción de noticias. En la Chasqui 63, Eleazar Díaz Rangel contrapuntea este criterio y defiende lo que califica como "Nuevo Periodismo", más atractivo y que no tiene "por qué descerebrarnos". Ahora, el autor de este artículo coincide en algunos puntos con Díaz, pero matiza ciertos aspectos del New Journalism y cierra su participación en este interesante contrapunto. |
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| Una de las enfermedades más
graves que viven los medios de comunicación del ámbito latinoamericano,
y muy en particular los de Costa Rica, es que no obstante proclamarse los
reveladores absolutos de la intimidad social pública y privada,
se conducen ellos mismos dentro de un hermetismo casi sacramental. No hay
estudio serio que los penetre, ni en finanzas ni en contenidos.
En Costa Rica no existen revistas, ni sindicatos, ni auditorías, ni instituciones investigadoras del comportamiento de los medios, aunque los medios sí investigan y averiguan todo lo que les conviene de la vida pública y privada de personas e instituciones. Salvo raras excepciones, en nuestros países no se dan -como en Estados Unidos y Europa- boletines específicos sobre el quehacer de los medios, a menos que sean encuestas de circulación o estudios que los favorezcan sobre hábitos de consumo. Y mucho menos vamos a contar con el defensor de los lectores u ombudsman, que funciona en aquellas naciones. Por eso la gran prensa latinoamericana se mueve en un régimen de privilegio y aunque puede investigarlo todo, a ella no la investiga nadie. Es la ley del embudo o la teoría del Padre Gatica que "mucho predica, pero poco practica". |
| Si no fuera por lo que queda
de un legado histórico, un autárquico culto a la libertad
y a la ética, proveniente de sus fundadores, haría mucho
más daño del que ya de por sí hace.
Inspirado en la primera enmienda de la Constitución estadounidense, nuestro derecho consuetudinario, y también el codificado, evitan cualquier clase de regulaciones a la prensa. Se estima -equivocadamente- que la libertad de prensa es un derecho absoluto y que no puede ser regulado, lo cual es una aberración jurídica, desmentida por la propia Declaración de Derechos Humanos, que encarga a la ley para que haga las regulaciones. Pero, bueno, así es como funcionan. En ese entorno, los medios pueden innovar libremente, experimentar, y juzgar a las personas, sin sufrir juicios de mala praxis ni procesos judiciales por daños a terceros, siendo, esos terceros, sus destinatarios, o sea, la ciudadanía. Acerca del New Journalism Por eso es muy loable que el creciente prestigio internacional de la revista Chasqui le brinde acogida al debate cuasi prohibido de la intimidad de los medios, y también lo es que el distinguido colega venezolano Eleazar Díaz Rangel se haya ocupado de mi crítica a las nuevas entradas noticiosas del diario La Nación, de Costa Rica. Por el documentado contrapunto que nos ofrece Díaz Rangel (Chasqui 63), tomo nota de que es un buen conocedor de la historia del periodismo continental y maneja bien las claves del New Journalism, el cual despegó -oficialmente- en norteamérica con Truman Capote (A sangre fría, 1965), aunque en verdad tiene sus raíces literarias en autores del siglo pasado y empezó a decaer con Janet Cooke (Jimmy's World 1980), pasando antes por los reporteros de Esquire, algunos de los nombres que cita, y por su compilador principal Tom Wolfe, quien escribía para el New York Herald Tribune. De su elegante y limpia réplica, saco la impresión de que más que una gran discrepancia de fondo -entre su tesis y la de mi artículo-, lo que hay es un malentendido o, para decirlo mejor, un mal explicado. En ningún momento he querido decir que los contenidos de la prensa diaria moderna deben enmarcarse en los rígidos parámetros de la pirámide invertida. Eso es, de por sí, imposible, pues los contenidos de aquella comprenden muy diversos géneros (noticia, reportaje, entrevista, crónica, análisis, editorial, columna, crítica, perfil, nota humana, etc.) y cada uno posee estructura propia y una diversidad de leads o entradas no necesariamente similares. Lo que quise ejemplificar es que, cuando la sección noticiosa de un diario informa de acontecimientos actuales, de urgente atención para el público, ese diario está obligado a comunicarlos de manera rápida, directa, concisa, veraz y sin rodeos ni majaderías de estilo que entorpezcan el fin principal de la noticia, cual es llegar a su destinatario. Como bien lo afirma Díaz en su artículo: los lectores de hoy "tienen menos tiempo para ver el periódico" y por eso mismo, los contenidos actuales -inherentes al hombre moderno- deben ser suministrados sin jugueteos, sin florituras y, por supuesto, sin estulticias como las que puse de ejemplo en mi "Plan para desactivar cerebros". He estudiado a fondo las obras del New Journalism (mi novela, Los sonidos de la aurora, es considerada un producto de esa escuela) por lo que puedo asegurar que las prácticas denunciadas en mi artículo, no son más que distorsiones de esa corriente interpretativa. En verdad, están más cerca del llamado "Periodismo corrongo" (ver Chasqui 55) que denuncié desde 1989. No hay que olvidar que el New Journalism nace como un género literario, no periodístico. Es más inventivo que descriptivo y Wolfe lo considera un sucedáneo de la novela, no de la noticia. ¡Ahí está la clave! Por eso es que Janet Cooke lo mata con su oprobiosa estafa a los lectores de The Washington Post y a los jurados del Premio Pulitzer. Además, la entrada ingeniosa o impactante la reservó siempre el New Jornalism para -en palabras de Díaz- "la puerta grande del reportaje y de las entrevistas", es decir, los géneros mayores, no noticiosos, no actuales. Entre el servicio público y la caja registradora Entonces, me parece fácil de comprender, entre periodistas, que ni el propio Díaz Rangel, como jefe de redacción, estaría dispuesto a admitirme, en su diario de Caracas, que yo encabezase una noticia de 30 muertos, en una catástrofe incendiaria del día anterior, con la siguiente apertura: "Tin marin de do pingué, cúcara mácara títere fue, yo no fui, fue teté, pégale, pégale que ella fue..."Así, como si fuera un juego de niños que se pasaban la culpa de uno a otro, sin importarles la tragedia, así se negaban ayer, en Caracas, los cinco piromaníacos del Chacao que le prendieron fuego al residencial La Caminadora, con un saldo de 30 personas muertas y pérdidas por 500 millones de bolívares". No me va a negar, don Eleazar, que es un lead atractivo, innovador, juguetón, casi original. Típico de Talese, de Goldsmith o de Mailer. Pero es también una aberración informativa y casi un insulto a la inteligencia de los lectores y a la sensibilidad de las familias afectadas. Estamos, entonces, ante un problema de forma y fondo, de equilibrio entre contenido y continente. Bueno, pues a eso destiné mi crítica; la cual no era más que continuación de una serie de artículos y conferencias divulgados en los últimos diez años, en Chasqui y otras direcciones. Sobre la tendencia subjetiva que muestran algunos reportajes de El País de Madrid y las noticias objeto de mi crítica, hay gran diferencia. Sin tomar en cuenta el talento creativo de los reporteros españoles, ni la inclinación al ridículo de los criticados, las formas son menos cursis y mucho más veloces, en el primero, y van al fondo de los valores objetivos en la segunda frase, cuando muy tarde. En cuanto a los ejemplos que cita el colega Díaz, habría que saber a cuál género periodístico corresponden, pues si pertenecen a una noticia actual -valga la redundancia- sí estarían cayendo en la distorsión informativa y alienante que he criticado, mas si provienen de una nota de fondo o de un reportaje, entonces están en lo correcto. No abogo -insisto- porque el periodismo actual se quede en los moldes clásicos, mucho menos porque se encuadre en las rígidas estructuras de la escuela objetivista, con su pirámide y dobleuves; solo lucho porque no emplee formas tontas y enajenantes, porque cumpla con su sagrado deber de servicio público y no pretenda poner a sonar más su caja registradora con las técnicas denigrantes del infontainment, que derivaron en la prensa escandalosa de Focus y Tango, denunciadas en Alemania por Cordt Scnibben (La república publicitaria), y en la vergüenza de Janet Cooke en los E. U... Precisamente, el inicio de la decadencia del New Journalism, que ni era tan nuevo, ni está tan de moda. También esos fenómenos distorsionantes fueron considerados expresiones del New Journalism, aunque en verdad eran malas interpretaciones de aquella corriente, la cual dicho sea de paso, está en proceso de decadencia. En fin, el tema se presta para muchos otros alcances y sólo he tratado de explicar mejor lo que, tal vez, no aclaré bien en mi artículo pasado. De cualquier manera, la ventilación de estos reductos, semi secretos, de la manipulación de la prensa y sus metodologías informativas es ya una catarsis pública y un gran mérito de los editores de Chasqui, quienes cumplen así con el deseo del eminente comunicólogo Mario Kaplún, cuyo fallecimiento nos ha conmovido en estos días. Espero que este diálogo sobre los medios sea un buen fermento, como él lo deseaba y a la vez un póstumo homenaje. |
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