¿Comunicología
o pluridisciplinariedad?
En primer lugar deberíamos
plantear algunas cuestiones teóricas o epistemológicas. Es
innegable que en la sociedad moderna se produce una nueva centralidad de
los fenómenos de la comunicación. En el caso de Europa, por
ejemplo, los discursos económicos y políticos sobre el futuro
se centran, cada vez más, en las oportunidades y riesgos que significa
la sociedad de la "información" o del "conocimiento". Pero este
nuevo protagonismo (político, cultural, económico y social)
no puede traducirse en una autosuficiencia teórica de la "comunicología"
sino que debe traducirse, más bien, en un nuevo compromiso de las
ciencias de la comunicación con el conjunto de las ciencias sociales
y de las humanidades, para poder llevar a cabo un análisis -pluridisciplinar-
de las nuevas formas de comunicación en la sociedad moderna.
Esta problemática
(¿comunicología aislada o pluridisciplinariedad?) es decisiva
para los nuevos planes de estudios que han de elaborar las Facultades de
Comunicación en la era digital. A mi entender sería un grave
error desplazar, o marginar, a las humanidades y a las ciencias sociales
de los nuevos estudios sobre la comunicación. La centralidad del
fenómeno (la comunicación) no debe confundirse con un aislamiento
de la disciplina (la comunicología). Por el contrario, esta centralidad
y la aceleración de los cambios en la comunicación hacen
más necesaria que nunca la aproximación pluridisciplinar
a la comunicación como objeto de estudio.
La comunicación:
objeto de estudio complejo
Pero también es cierto
que las ciencias de la comunicación tienen un reto fundamental que
no puede afrontar ninguna otra práctica científica: la identificación
de su objeto -la comunicación- en una etapa históricamente
excepcional de cambios.
Para afrontar seriamente
este reto es necesario corregir sin complejos la tendencia a la "hiper-comunicología"
que se ha ido acentuando en algunos planes de estudios en los últimos
años. La fundamentación teórica de la sociología,
de la antropología, de la economía, etc., sigue siendo indispensable
para posteriores aplicaciones a la "sociología de la comunicación",
a la "antropología de la comunicación", o a la "economía
de la comunicación", solo posteriormente puede afrontarse con suficiente
base teórica otros planteamientos transversales como los que corresponden
a asignaturas como la "teoría de la recepción", "teorías
de la emisión" y otras teorías diversas de la comunicación.
Empezar directamente por la última etapa empobrece nuestra actividad
investigadora, en perjuicio del principal objetivo de las ciencias de la
comunicación: el reconocimiento de su objeto y de las diversas formas
de incidencia de la comunicación en la estructura social y en el
comportamiento humano.
Formas de estudio: ¿prácticas
o formación teórica?
Esta complejidad y la aceleración
de los cambios en la comunicación también exigen una reforma,
en profundidad, de algunas simplificaciones universitarias que se han ido
haciendo crónicas. En la "sociedad del conocimiento" es más
necesario que nunca aprender a aprender, evitar lo que en términos
del sociólogo Ritzke podríamos denominar McDonalitzación
de la enseñanza: enseñanza prefabricada y utilitaria, en
la que los profesores dictan y los alumnos toman apuntes, donde la lectura
y el debate son sustituidos por fórmulas estándar de conocimiento
o por un aprendizaje práctico que se anticipa o se superpone a la
sólida formación de contenidos.
La experiencia, ya de muchos
años, de las Facultades de Comunicación ha puesto en evidencia
que, a largo plazo, los mejores profesionales de la comunicación
no acostumbran a ser aquellos y aquellas que se destacaron haciendo prácticas
en las aulas de periodismo, sino aquellos y aquellas que supieron aprovechar
su paso por la Universidad para adquirir una formación humanística
y social que terminaría dándoles la capacidad de aprender
a saber, aprender a interpretar y aprender a comunicar. Éste debería
ser el objetivo prioritario de la formación universitaria en comunicación.
Hoy, más que nunca, cuando algunas técnicas, formatos y géneros
de la comunicación cambian más rápidamente que la
propia duración de los estudios universitarios.
No hacerlo así sería
suponer que la transformación de la comunicación es una cuestión
únicamente de tecnologías y no una cuestión de cómo
saber usarlas para la producción y distribución de contenidos.
Internet:
¿a qué Departamento le corresponde?
En los últimos meses
numerosas Facultades de Comunicación han debido enfrentarse a un
dilema significativo y que pone en evidencia la necesidad de reorganizar
a fondo los estudios de comunicación: ¿a qué Departamento
le corresponde la enseñanza y la investigación sobre Internet?,
¿es una cuestión de periodismo, de comunicación audiovisual,
de publicidad, de documentación, de informática?
Se trata de un dilema que
pone en jaque a las estructuras tradicionales de nuestras instituciones
académicas y les exige una mayor flexibilidad. La pregunta, obviamente,
admite más de una respuesta y exige una nueva forma de organización
transversal, pluridisciplinar de los estudios y de la formación
sobre comunicación. El reto de Internet y, más en general,
el reto de las nuevas formas de comunicación multimedia y en red,
corresponden y afectan a todos los departamentos.
Ante ello, la respuesta académica
más razonable apunta hacia tres direcciones: un incremento de la
optatividad de los alumnos, la organización de esta optatividad
en algunos grandes itinerarios especializados, y la reestructuración
de las titulaciones clásicas (Periodismo, Publicidad, Audiovisuales,
etc.) por nuevas formas que den cabida a una formación para unas
aplicaciones todavía inciertas y ante las cuales la necesidad de
aprender a aprender se impone sobre la práctica de saber hacer.
Finalmente : Internet
como instrumento educativo
Los retos de Internet para
los estudios de comunicación van más allá de la problemática
del objeto de estudio y de las prácticas profesionales y afectan
también, muy directamente, a los métodos y a las formas de
educación.
Así, por ejemplo,
búsquese en algunos de los grandes motores de búsqueda de
Internet la palabra Lazarsfeld. Ante los resultados que se obtienen se
comprenderá fácilmente que la enseñanza del futuro
no se dará únicamente en las aulas, sino que se dará
simultáneamente en las aulas y en la red. Por esto, en el futuro,
no podrá distinguirse entre Universidades presenciales y Universidades
on line, sino que todas las Universidades deberán ser, al mismo
tiempo, presenciales y on line. Esto implica una profunda transformación
de las formas de trabajar de los alumnos, pero también, o aún
más, de los profesores. ¿Qué sentido tendrá
dictar y tomar apuntes en la era digital? Toda la estructura docente universitaria
deberá cambiar su sistema de trabajo para facilitar la digitalización
del conocimiento, la creación de una gran memoria digital educativa,
al servicio de los estudiantes y de acceso gratuito para todos, como servicio
público de información educativa.
Este proceso no ha de excluir
el debate y la crítica, más bien todo lo contrario, ha de
permitir la distinción entre la transmisión de información,
cada vez más fácil vía Internet, y la formación,
cada vez más vinculada al diálogo y a la discusión
en la clase.
Comunicación: ¿cambios
en el objeto o cambio de paradigma?
En la revisión de
los planes de estudio debemos considerar otro problema ciertamente importante:
los cambios en el objeto, los cambios en la comunicación.
Debemos empezar considerando
un hecho determinante: estamos en una etapa de tránsito, de la era
de la comunicación de masas a una nueva era de la información
multimedia y en red. Por lo que respecta a la televisión, por ejemplo,
estamos ante el fin de lo que podríamos denominar la "era broadcasting",
para entrar en el umbral de la nueva "era digital". Debemos, desde luego,
matizar e interpretar críticamente estos cambios, identificar los
desequilibrios, pero ya podemos empezar a concluir que es necesario cambiar
el enfoque de nuestra docencia e investigación: no estamos en la
sociedad de los "mass media" sino en la sociedad "de la información".
Nuestro objeto de estudio, y nuestro referente para la formación
profesional, transciende ahora a los "mass media" en todas sus direcciones,
desde la comunicación interpersonal, hasta la comunicación
interactiva, "on line", por Internet.
Aún más, es
la misma definición de sociedad lo que está ahora en juego.
Un ejemplo: ¿cómo hemos de interpretar y explicar en clase
la vieja polémica entre "apocalípticos e integrados" en la
cultura de masas?, ¿qué lugar debe ocupar en nuestros programas
la transformación de la sociedad industrial en una sociedad de la
información?, ¿quién debe explicar y dónde
deben explicarse estos nuevos fenómenos?
Como ejemplo de los desfases
que hemos de superar, podemos citar el caso de la existencia en nuestros
planes de estudio de asignaturas con títulos como "Estructura de
la Comunicación de Masas", denominada coloquialmente "masas" por
los estudiantes. Este título responde exactamente a lo que era nuestro
objeto de estudio hace veinte o treinta años, pero ya no responde
a lo que será nuestro objeto de estudio en los próximos años.
Los
cambios en la comunicación y los retos teóricos
En el congreso de FELAFACS
celebrado en Lima (octubre de 1997) desarrollé mis primeros puntos
de vista sobre estas cuestiones. Unos años después estos
puntos de vista parecen confirmarse ante la consolidación de algunas
tendencias, especialmente las siguientes:
En primer lugar es necesario
definir y contextualizar históricamente el nuevo modelo de sociedad.
De la "sociedad de los mass media" a la "sociedad de la información",
como contexto básico para interpretar las nuevas formas de comunicación,
pero también las nuevas funciones y los nuevos usos de los medios
de comunicación.
La formación y la
investigación en comunicación deberá considerar los
nuevos modelos de comunicación, especialmente el fenómeno
Internet, pero al mismo tiempo deberá ser capaz de analizar los
efectos de las transformaciones tecnológicas sobre los media convencionales
(prensa, cine, radio, televisión), que mantienen muchas de sus funciones
básicas, pero pierden o comparten algunas de ellas con las nuevas
formas de comunicación.
También es necesario
analizar el tránsito de la centralidad de la "mass communication"
a la proliferación de los procesos de comunicación sectorial
e individualizada, a las nuevas formas de recepción de comunicación
y a la segmentación de las audiencias en un nuevo contexto de globalización.
El análisis teórico
debe también esforzarse en la prospectiva, comenzando por identificar
las características básicas de la digitalización,
interpretando los nuevos procesos y, especialmente, la convergencia de
factores (cultura, comunicación, telecomunicaciones, desarrollo
económico, etc.).
Esto significa el advenimiento
de una nueva frontera para las políticas de comunicación,
cada vez más integradas en políticas globales de sociedad
de la información. Especialmente significativa para las ciencias
de la comunicación, es la actual convergencia de las políticas
de comunicación con las políticas culturales, las políticas
de telecomunicaciones y las políticas de desarrollo económico,
lo que las obliga a un nuevo planteamiento integrado, en la misma dirección
que, hace ya muchos años, señalaron los más destacados
investigadores latinoamericanos cuando definieron las políticas
de comunicación en las conferencias de Bogotá y Costa Rica
en los años 60.
Esta misma convergencia de
factores hace necesario interpretar, desde el punto de vista de la comunicación,
los grandes fenómenos sociales: ocio, salud, bienestar social, educación,
pero también fenómenos como la pobreza, el subdesarrollo,
los desequilibrios internacionales, los riesgos del medio ambiente, etc.,
cada vez más implicados en los procesos comunicacionales.
En la nueva era digital pueden
repetirse los mismos errores y desviaciones ya acaecidos con la exportación
ideológica de la mass communication research funcionalista en los
años 50 y 60, cuando se aplicaron los resultados de la investigación
norteamericana a todos los países de la tierra, sin distinciones
de desarrollo y de autonomía de sus economías. También
ahora será necesario evitar este tipo de extrapolaciones, porque
el mundo, como parecen suponer algunos libros promocionales, no es "California".
Será función básica de la teoría de la comunicación
interpretar los nuevos procesos y la implantación de las tecnologías
de la comunicación en términos comparativos, interpretando
los desequilibrios, no sólo cuantitativos sino también estructurales
derivados de los niveles de desarrollo, procurando así una nueva
versión de "Voces múltiples, un único mundo en la
era Internet".
Las teorías de la
comunicación han centrado hasta ahora su atención preferente
en los medios y en los contenidos, pero han prestado una escasa atención
a los procesos y a las tecnologías de transmisión de la información.
En el nuevo contexto de la sociedad red los estudios de comunicación
deberán corregir este enfoque, prestando una mayor atención
a la nueva centralidad de las telecomunicaciones, no solamente como canales
de distribución, sino también como nuevos actores que condicionan
la distribución pero también, y muy especialmente, la producción
de contenidos.
Entre los retos teóricos
que afectan directamente a la comprensión de las políticas
de comunicación, también debemos mencionar la necesidad de
reinterpretar los espacios de comunicación, en una nueva dialéctica
global-local, que está determinando una nueva dimensión de
estos espacios. La influencia de la transnacionalización se ve compensada,
en parte, con la emergencia de nuevos modelos de comunicación descentralizados
(de proximidad) que pugnan por su supervivencia, entre la escala limitada
de sus mercados y la fuerza de identificación con las tradiciones
culturales.
Finalmente será necesario
revisar a fondo los paradigmas de la comunicación, en parte por
la multiplicación de flujos entre los emisores, los mediadores y
los receptores; en parte por fenómenos como la superabundancia de
información en Internet, o por la aparición de nuevas formas
de distribución de las señales. Pero los cambios en el paradigma
serán necesarios, sobre todo, por la nueva centralidad de un factor
clave en la comunicación del futuro: la producción de contenidos
e, indirectamente, las formas de acceso y la mediación entre los
usuarios y la nueva memoria digital. En estos aspectos se concentrará
el poder, y también los desequilibrios, de la comunicación.
En estos aspectos también se centrará la responsabilidad
intelectual y moral de los investigadores de la comunicación ante
el reto de construir una sociedad de la información que sea para
todos y no sólo para algunos. |