| Son muy pocos los esfuerzos
que se han hecho en el país en materia de programación cultural.
De paso, el televidente no tiene quién lo defienda.
En televisión, crisis y creatividad son sinónimos, o al menos
en el Ecuador ambos términos parecen ir de la mano. Mientras las
cifras de ventas del sector reflejan el difícil momento que vive
la economía del país, en el terreno de la creatividad se
nota muy poca renovación. Pero, hay excepciones, claro, que confirman
la regla: las crisis también generan grandes oportunidades. Es lo
que parece haber ocurrido con el programa "Nosotros Ecuador", de Teleamazonas,
en el que se ha aprendido ejemplarmente a hacer más con menos.
Por otra parte, en la televisión nacional es frecuente que triunfen
series y programas hechos en Estados Unidos. "Nosotros Ecuador", sin embargo,
ha logrado sobreponerse a esa costumbre, con una ficción que cruza
el escenario de la historia. Conservando los hechos relatados en crónicas
y los personajes, junto con un montaje basado en la fuerza actoral, la
serie (que ahora, para suerte de muchos, ya se encuentra hasta en videotiendas)
cuenta con todos los ingredientes para hacerse acreedora a varias nominaciones
internacionales (si se enviara a uno de tantos festivales).
Es el retrato de una nación atrapada en medio de colonialismos,
conquistas y guerras, que demuestra de paso que patriota es quien vive
y muere por su patria y que la patria -con su riqueza racial y linguística-
no es sólo el lugar del nacimiento sino, también, el territorio
de la vida de los hijos.
Este largometraje nacional, aunque realizado para televisión, es
agudo, humano y combativo como sus personajes. A pesar de que por momentos
el ritmo puede parecer lento, los rasgos generales y el argumento compensan
de forma grata la versión general. En pocas palabras, explora la
propia voz del país -desde sus raíces- y logra conmover para
ganarse aplausos con el drama, la fotografía de inmensos y reales
paisajes y, por encima de todo, la emoción pura.
La mencionada serie demuestra que la producción televisiva en el
Ecuador sí ha evolucionado, aunque todavía le falta "algo"
para alcanzar el nivel de las grandes potencias en este sentido. Pero ya
empezó el camino. Hasta hace unos pocos años nos conformábamos
con leer libros y mirar videos de festivales y pasábamos saliva
como niños pobres en la vitrina de una pastelería. Ahora
se están logrando cosas importantes. Se está trabajando más
profesionalmente. Antes dependíamos más del chispazo, ahora
se buscan más las ideas. Y eso, por supuesto, está bien. |
Ecuador
bajo la lupa
Así, sobre la base de este esfuerzo nacional, vale la pena preguntarse
por qué la televisión ecuatoriana tiene tan pocos programas
culturales, por no decir ninguno. Ejecutivos del medio sostienen, ante
todo y sin rubores, que la cultura, si bien es importante, no da plata.
"Un buen programa cultural tiene que entretener. Si el televidente me regala
18 minutos de su valioso tiempo (y otros 12 para propaganda), es absurdo
que, como contraprestación, yo lo aburra o insulte su inteligencia",
señala un productor y publicista.
Añade que los televidentes, generalmente y de acuerdo con sondeos
especializados, prefieren observar series extranjeras o películas
de acción violenta, que participar de un programa en que se tratarán
temas relacionados con el idioma, la geografía o la historia. Ello,
empero, no es tan cierto como se afirma. Veamos:
Al parecer -desde el punto de vista de los programadores- es muy poco el
verdadero interés del público hacia temas como el cine, el
teatro, la música, la lectura y el arte. Mas si en algo se han puesto
de acuerdo los investigadores que se han preocupado por comportamientos
en torno a la cultura, es que el concepto de la misma es mucho más
amplio y complejo que determinar el consumo de un país frente a
expresiones como las mencionadas, pues el término no es sinónimo
de gustos de elites sino también de las infinitas manifestaciones
populares.
También advierten que un continuo estudio sobre este aspecto es
algo tan necesario y tan poco trabajado que son contados los países
que conocen a ciencia cierta los gustos de sus habitantes, frente a la
opción de enfrentarse al consumo de bienes culturales. En el Ecuador,
que se sepa, por lo menos, ese sondeo no se ha hecho.
CHASQUI realizó una encuesta, partiendo del público en general,
con el fin de acercarse al consumo de esos cinco entre los múltiples
aspectos que puede abarcar el término cultura y su relación
con la televisión. Los índices que revelan los resultados,
sumados a las reacciones de publicistas, productores, críticos y
programadores, denotan un panorama que no es muy alentador, pero que tampoco
es tan dramático como pudiera pensarse.
A la hora de las comparaciones con otras naciones latinoamericanas, Ecuador
está mejor que muchas. El hecho de que el 79 por ciento de los consultados
no vayan a teatros, ni a museos, ni a galerías, y que el 43 por
ciento de la población asegure no leer nunca, son índices
que no sorprenden a nadie y constituyen algo que siempre se ha sabido.
A la vez, eso no quiere decir que a esa misma población no le guste
ver un programa cultural. El 65 por ciento desearía verlo, pero
como no existe... En lo que sí coinciden los entendidos es en que
todavía falta mucho para consolidar una conciencia sobre los movimientos
y figuras culturales que se están gestando en el país.
La cultura sin apoyo
Mientras la televisión chilena transmite tres programas culturales
diarios, la mexicana cuatro, la argentina dos, la brasileña tres
y la venezolana y la boliviana uno, en Colombia -para no ir más
lejos- existe un canal que presenta televisión educativa durante
18 horas diarias, pero es una estación del Estado y el patrocinio
es fundamentalmente oficial. Además de ello, cuatro programadoras
particulares presentan en otros canales, igual número de eventos
culturales el fin de semana. En Cuba, los dos canales -estatales, por supuesto-
deben presentar diariamente un programa cultural como mínimo.
Aquí, en tanto, solamente Telerama transmite programas de tipo cultural,
que incluyen teatro, ballet, ópera y arte, en general. Pero, en
su mayoría, son filmados en el exterior o tomados de estaciones
extranjeras (europeas, casi siempre). Y si bien tienen un patrocinio, éste
se debe a que los propietarios del canal son los mismos distribuidores
de los productos que se anuncian.
En el Ecuador, para decirlo de una vez por todas, no hay quien apoye la
cultura y mucho menos en la televisión. Y no lo hacen, sencillamente
porque no es un negocio rentable. Un alto ejecutivo de un canal -que por
razones lógicas prefiere no ser identificado- defiende este punto
de vista abiertamente: "¿Cómo vamos a invertir 100 mil dólares,
pongamos por caso, realizando un programa cultural, cuando podemos ganar
lo mismo transmitiendo un partido de fútbol sin esforzarnos demasiado
y sin gastar nuestro dinero? Todavía no estamos locos".
El interés gubernamental por estas actividades, en tanto, no pasa
de realizar un "Mes de las Artes" al año en algunas ciudades o invertir
algo del escaso presupuesto en algún festival cinematográfico,
en el que también participan representaciones diplomáticas.
De televisión, nada.
En esta materia, como lo explicara Octavio Arbeláez, presidente
de la Red Latinoamericana de Promotores Culturales, siempre se ha vivido
una relación de amor y odio entre los hacedores de la cultura y
los gobiernos.
"La relación ideal es la que equilibre al sector público,
mediante la erogación de parte de un presupuesto, el privado, con
patrocinios y apoyo de estrategias adecuadas de marketing cultural, y los
propios grupos, por el ingreso que generen sus producciones una vez en
el mercado", indica. Eso, empero, está muy lejos de ocurrir en nuestro
país.
El desierto de la cultura
A semejanza de la opinión que se tuvo durante mucho tiempo sobre
la televisión estadounidense, en el sentido de que era (y sigue
siendo) el desierto de la cultura, la ecuatoriana no se queda atrás.
¿Cuántas veces al año algún canal presenta
una obra de teatro nacional, habiendo tantos y excelentes grupos dispuestos
a colaborar? ¿Existe algún programa, así sea de apenas
15 minutos, que enseñe a los televidentes algo de gramática
castellana? No; y esto último hasta sería en cierta forma
un contrasentido si se tiene en cuenta que no pocos de los mismos presentadores
de noticias, locutores y reporteros no saben hablar correctamente.
No obstante, a pesar de las frías cifras de las encuestas, sí
existe consumo y actividad cultural. Tal vez poco, como en muchas partes,
pero tal como en el cuento de los brujos: que los hay, los hay..Los ecuatorianos
no sólo viven rodeados de cultura sino que día a día
la están gestando sin percartarse de ello. Desde escuchar a un cuentero
hasta pararse a mirar a los zanqueros, aplaudir el teatro de la calle o
ver televisión, todas son actividades propias de la vida cotidiana.
La cultura está en muchas partes y, por ello, una reflexión
al respecto siempre será oportuna.
En el Ecuador contamos con gente capacitada para hacer programas o producciones
de corte cultural. Hay talento de sobra -para el teatro y el cine, por
ejemplo- y puede asegurarse que ya empezamos el camino; pero si bien el
país ofrece buenas ideas y se está trabajando más
profesionalmente, falta presupuesto de producción y una programadora
-¡siquiera una!- que se atreva a romper los esquemas, que tenga la
osadía de hacer cultura televisiva.
Sobre este asunto, el investigador internacional Omar Rincón, sostuvo
recientemente en un seminario en la Fundación Friedrich Ebert que
el problema no es tanto de contenido como de expresión. En su opinión,
"la televisión ecuatoriana tiene poca producción propia y
esto es importante en cuanto permite que la gente vea sus historias y se
conozca más. Los noticieros no deben ser el único instrumento
para saber del país en que se vive".
Poder
económico y político
Lo grave es que los medios, según Rincón, son el reflejo
de la sociedad. Hasta hace unos 10 años, la televisión estaba
más cercana al público. Ahora atiende al poder político
y al económico, se ha vuelto una industria que se preocupa más
por vender un programa, cualquiera que sea, sin valorar si es malo o bueno.
La televisión -lo que es desafortunado para la cultura- es la mercancía
que más vale en estos tiempos.
La prueba es que a los canales no les importa repetir cuantas veces sea
necesario películas,
telenovelas o series que
incluso han sido calificadas como pésimas desde su estreno. Es que
es mucho más cómodo reponer un enlatado o un culebrón
archivados, que no cuestan un centavo, que tener que pagar cuatro o cinco
mil dólares en promedio por uno nuevo, y peor si es de corte cultural.
La famosa muletilla: "gracias por permitirnos entrar en sus hogares", es
una ofensa de verdad.
Y en cuanto a producciones nacionales, pues estas por razones obvias, cuestan
mucho más. Por eso, precisamente, no se realizan con la frecuencia
con que todos quisieran. De paso, en el Ecuador la posición del
espectador no es importante al diseñar la programación. Es
como si los canales no tuvieran en cuenta al televidente, del cual, paradójicamente,
dependen. Para completar, los consumidores de televisión no tienen
quién los defienda.
En el Ecuador, lastimosamente, a los canales parece importarles poco aquello
de que la comunicación tiene que ser entendida como una necesidad
básica de los seres humanos. En lugar de educar o por lo menos orientar
al público, se le atropella sin medida. Es como si los programadores
partieran de la base de que el televidente promedio es estúpido
y hay que darle todo masticado. Por eso subsisten los programas de crónica
roja y los noticieros no tienen el menor empacho en dar a conocer los hechos
delincuenciales con imágenes escabrosas.
Noticias y cultura
Con razón, Rincón sostiene que por la televisión pasan
más historias de un país que por cualquier otro medio. Y
recalca: "Así como la gente se organiza para protestar cuando no
hay trabajo o comida, también debiera hacerlo cuando los programas
de televisión atropellen la dignidad de las personas, o cuando transmitan
cosas sin un mínimo de estética". Pero, como se dijo atrás,
no existe una defensoría del televidente.
Al respecto, Ricardo Trotti, coordinador del Comité de Libertad
de Prensa de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) declara: "Se tiene
que encontrar una forma de representar las noticias de una manera que no
sea sensacionalista". De eso, sin embargo, estamos lejos, muy lejos.
Una frase lapidaria de Gabriel García Márquez bien puede
aplicarse a nuestros informativos: "la irresponsabilidad y la improvisación
propias del maldito síndrome de la chiva (o sea la supuesta búsqueda
de la primicia) están acabando con el periodismo y terminarán
por acabar con el país".
Mientras tanto, continuaremos
sin programas culturales.
Buen negocio
Ojalá programas como "Nosotros Ecuador" no sean lo último
que veamos. Ya es hora de que exploremos nuestra propia voz en la televisión.
Que no se siga pensando que la cultura se apoya únicamente en hipótesis
y planteamientos abstractos, sino también en hechos y programas
concretos que le midan el pulso a los ecuatorianos.
Todavía queda mucho trabajo por delante, claro. Los canales lo saben
más que nadie. Por ello deberían tener en cuenta que invertir
en la cultura, puede ser un buen negocio. Hay que atreverse, eso sí.
Especialmente si quieren sobresalir en este mundo altamente competitivo.
Los grandes beneficiados de ese movimiento, un tanto utópico, serán
sin duda los teleespectadores, que encontrarán finalmente en la
televisión ecuatoriana una programación más sofisticada
y de mayor calidad. Y que ya están cansados, saturados de tanta
basura. De no ser así, de continuar transmitiendo sin tener en cuenta
al televidente, las programadoras corren el riesgo de quedarse sin el pan
y sin el queso.
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