
Chasqui
70, junio 2000
CINEEN EL CENTENARIO DE SU NACIMIENTOBUÑUEL: UN GENIO BURLÓN Ulises Estrella Poeta y cineasta ecuatoriano, director de la Cinemateca de la Casa de la Cultura Ecuatoriana Correo-e:c.c.e.@uio.satnet.net |
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| "Un Perro Andaluz" considerada
como la más difícil y compleja película en la historia
del cine, se estrenó en Quito 51 años después de realizada,
el 28 de abril de 1980, con motivo de la inauguración de la Sección
Académica de Cine de la Casa de la Cultura Ecuatoriana (CCE). Más
de 150 personas se congregaron en el Auditorio Benjamín Carrión,
sorprendiéndose con las imágenes buñuelianas: el choque
casi traumático que produce el ojo de una mujer seccionado por una
navaja de afeitar en el comienzo del filme, provoca un estado libre de
asociación de ideas, que luego se va desarrollando en escenas chocantes
como las del amante que, al aproximarse a su amada, debe arrastrar la pesadísima
carga de dos pianos de cola con dos asnos muertos encima. El diálogo
con el público permitió despejar, poco a poco, la cantidad
de prejuicios y preconceptos que se tenía sobre la obra de Luis
Buñuel. La labor de destrucción, de pérdida de confianza,
caló hondamente, sobre todo cuando se trató de dilucidar
el deseo prisionero de todo lo que se considera respetable y la liberación
que los personajes intentan.
La Sección Académica de Cine de la CCE devino, a finales del 81, en la fundación de la Cinemateca Nacional, lo cual permitió que el resto de la obra del genio español sea conocida en sus dos líneas estéticas: la del surrealismo, con sus desconcertantes obras como "La Edad de Oro", que Buñuel realizó en 1930 nuevamente con Salvador Dalí, como continuación de la experiencia de "Un Perro Andaluz" que afirma la definición surrealista que le identificó con Breton y Eluard. Y la del realismo con la inmortal "Las Hurdes: Tierra Sin Pan" (1932) en la que descubre la dolorosa situación que, en lo político y en lo económico, vive España en esos años de crisis extrema. Eso provocó que los nacientes falangistas le describan a Buñuel como "un depravado, un morfinómano abyecto y, sobre todo, como autor de una película abominable, verdadero crimen de lesa patria". Veinte horas de sueño En "Mi Ultimo Suspiro", célebre libro de memorias publicado en 1982, Buñuel menciona que si le quedaran apenas 20 años de vida, lo que más le gustaría hacer durante las 24 horas, es tener 4 de vida activa y 20 de sueños, con la condición de que luego pudiera recordarlos; porque el sueño solo existe por el recuerdo que lo acaricia. Esta locura por los sueños se encuentra en casi toda su obra, habiendo adquirido un rasgo inolvidable y conmovedor en "Los Olvidados" (1950), en donde diseña un personaje principal (el joven desadaptado y violento) que sueña con su madre exponiendo una carga de simbología freudiana desde lo más recóndito de su vida interior. A mitad del camino, entre la vigilia y el sueño, Buñuel registró desde niño los cantos de la aurora que despertaban a los segadores y cada año, en viernes santo, el multitudinario redoble de cientos de tambores que en Calanda (el pueblo donde nació) conmemoraban las tinieblas que se extendieron sobre la tierra en el instante de la muerte de Cristo. Esa ceremonia colectiva quedó fija en su memoria y tuvo cauce en varias películas en las que puso una banda sonora de los tambores como un obsesivo mensaje para todo el género humano, que debe sondear en su memoria los sonidos secretos de una vida interior, de una trama soñada. En "Nazarín" (1958) logra imágenes conmovedoras cuando al final el redoble de Calanda acompaña al cura solitario que ha perdido toda confianza en los valores de la religión y la moral. Buñuel, muerto en 1983, como genio burlón que fue, nunca habría imaginado que el 22 de febrero del año 2000 le levantarían un monumento en Calanda y un Museo que, según el Alcalde, "debe convertirse en visita obligada". Volvieron a sonar los tambores y el cantautor Angel Petisme interpretó un tema de su disco "Buñuel del Desierto". A partir de ahora se puede conocer en Zaragoza su vida y obra que, a decir del Presidente Aragonés Marcelino Iglesias, es un "antídoto contra las tiranías, fanatismos y totalitarismos, un vehículo de libertad y dignidad irrenunciables y una referencia inexcusable de la historia de la cultura". Esas 20 horas diarias de sueño que pedía Buñuel, pueden constituir al momento una necesidad también de los utópicos que al comienzo del nuevo milenio quieren conservar un equilibrio frente a una dura realidad y a una multiplicidad confusa de la vigilia. Buñuel es único Jean Cocteau, el célebre poeta francés, citaba una anécdota en la que establecía una analogía entre los creadores de la música y los del cine. Mencionaba una posible entrevista a Rossini en la que le preguntaban cuál consideraba que era el más grande de la música, él contestaba: Beethoven. Y, cuando el periodista insistía respecto a Mozart, Rossini respondía: "usted no me ha preguntado por el único". De igual manera, decía Cocteau, podemos definir, en el cine, a Buñuel como el único. La disciplina y la consistencia permitió a Luis Buñuel realizar 25 obras cinematográficas en Francia, México y España. Jean Claude Carriere, co-guionista de las últimas obras, definió el ejercicio cinematográfico buñuelesco como una búsqueda estética permanente, basada en la esperanza, la lucha y la conquista. A finales de la década del 60, se quiso introducir en Quito el cine más aproximado a lo comercial que hizo el genio español. Se organizaron proyecciones en el Cine Capitol de la película "Bella de Día" (Belle de Jour), con presentación y debate en cada función. Para quienes enfrentamos ese desafío con el público, fue muy difícil explicar que la fluencia estaba concebida a base de fragmentos que se van superponiendo unos a otros. La dualidad de la protagonista, Severine, era una provocación, pues se quería universalizar su acción entre la prostituta y la esposa fiel como un pecado que, para Buñuel era el más incomprensible, el pecado del pensamiento. Es decir, en esa historia veleidosa que generaba imágenes implícitas, casi pornográficas, había que concluir con una pregunta más bien filosófica: "Cuando imaginamos, soñamos, pensamos, ¿somos más o somos menos que cuando actuamos?". Hasta el momento, nadie como Buñuel ha incluído ese enorme caudal expresivo que contenía su visión del mundo. Quien revise obras como "Tristana" (1970), "El Discreto Encanto de la Burguesía" (1972) o "El Fantasma de la Libertad" (1974), encontrará una búsqueda común de la verdad, como "El Espejo a lo Largo del Camino", que multiplica los puntos de vista y enfrenta la soberbia de quienes creen haber encontrado fácilmente las verdades en medio del implacable ritual social. Todo eso hizo único a Buñuel, que siempre rechazó la belleza cinematográfica prefabricada y su lucha netamente humanística, nada idealista ni religiosa que le hizo decir, como genio burlón que era: "Gracias a Dios, continúo siendo ateo". El ojo de la libertad Como Picasso o Lorca, Buñuel está presente en la cultura del 2000, tanto por el desarrollo de su expresividad como por la permanencia, cada vez más sugerente y provocadora, de sus obras inmortales. El escritor mexicano Carlos Fuentes, le hizo una célebre entrevista en 1976 en la que define con lucidez la presencia y significación del cine: "Si se le permitiera, el cine sería el ojo de la libertad. Por el momento podemos dormir tranquilos: la mirada libre del cine está bien dosificada por el conformismo del público y por los intereses comerciales de los productores. El día que el ojo del cine realmente vea y nos permita ver, el mundo estallará en llamas". Buñuel estaba preocupado por la imaginación del espectador, como individuo y como colectivo social. Por eso elaboraba metáforas que enfrentaban las razones económicas y técnicas contra las razones espirituales. Una película aleccionadora al respecto es "El Angel Exterminador" (1962), en la que pone a veinte burgueses encerrados en una casa y atrapados por una crisis universal de energía y voluntades. El símil es preciso cuando en el final apocalíptico se enlaza con la destrucción y el canibalismo que se desata a escala mundial. El final abierto, la historia inconclusa, es un bofetón para la conciencia y la imaginación de cada espectador. Obsesión permanente Poner en crisis el optimismo del mundo burgués, fue su obsesión permanente. Y, al igual que Goya, demostrar que la excesiva razón produce monstruos. En nuestro país, en estos momentos, se torna necesario y oportuno el estudio de Buñuel como pensador del nuevo milenio y como estimulador de cine y la poesía. Precisamente, en ese afán poético vinculado a lo fantástico que es también real, según decía André Breton, Buñuel dejó escrito el siguiente poema que parece un epitafio para su muerte física: PÁJARO DE ANGUSTIA Un plesiosaurio dormía
entre mis ojos
Tu cuerpo se ajustaba al
mío
Se oía un galope de
bisontes en celo
Tendida como un puente de
besos de piedra dio la una.
A las seis se oyeron las
cabrillas de los Alpes
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