| Vivimos tiempos de cambios
en la televisión marcados, en gran parte, por los avances tecnológicos
que no se quedan en meros soportes, sino que se funden en una simbiosis
armónica con los contenidos tradicionales. Cambian los formatos
y la tipología televisual necesita de nuevos enunciados a la hora
de la definición de los programas. Nunca hasta ahora la tecnología
estaba influyendo tanto en los contenidos y, por consiguiente, en el negocio.
El paisaje
Las tecnologías emergentes, en esta ceremonia de la confusión,
están prestando su nombre a las diversas modalidades de mercado.
Se habla de televisión digital, de cable, de fibra óptica,
de combinaciones con sistemas informáticos. Esta confusión
está llegando al público, que es incapaz de distinguir entre
el sistema tecnológico que hace posible un mayor número
de canales y la televisión temática: aquella que, gracias
a esta tecnología, consigue una fragmentación de la
audiencia, y que permite proyectar y producir programas para targets
muy específicos y concretos. Todo lo contrario a los modelos generalistas
que deben conformar con sus programas audiencias mayoritarias y diversas.
Estas tecnologías potencian a su vez un mix entre entretenimiento,
información y añaden un capítulo nuevo y sugestivo:
el de servicios, algunos interactivos, que remodelan el rol de la
televisión convencional.
Este panorama catódico
al que no es ajeno la informática, como complemento o, quizás,
como posible fagocitador del modelo convencional, es percibido como renovador,
sólo en algunos sectores de la población. El panorama mundial,
según el desarrollo de estas tecnologías, ha cambiado con
mayor o menor rapidez. Sobre todo el cable que en Estados Unidos y en algunos
países de Latinoamérica es ya una realidad muy sólida
que determina toda una nueva época de la televisión de la
abundancia.
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Espectador
compulsivo
Por otra parte, las televisiones generalistas, con sus programas y las
temáticas con sus notables ofertas, están propiciando la
imagen de un espectador compulsivo que lejos de contemplar programas en
su totalidad , consume tiempo de ocio saltando de programa en programa
como un barco a la búsqueda de puerto.
La programación continúa
siendo el juego del estratega en las fases de ideación y de "venta"
en la parrilla de los programas, pero el gran cuello de botella sigue
siendo la manera de alimentar tantas horas de programación, como
nos proponen la multiplicidad de canales que conviven entre aquellos generalistas
y estos temáticos, fruto del desarrollo de las nuevas tecnologías;
o expresado de otra forma, entre las llamadas televisiones en abierto y
aquella de pago.
El sistema de programación
marca todo un conjunto de normas estratégicas que son el dominio
de la televisión generalista, muy diferente al sistema de teledifusión,
y que es el sistema de las televisiones temáticas de
pago en su primera instancia ( analógica y digital).
Canales temáticos
Las plataformas digitales
conforman un nuevo sistema de canales temáticos cuyos
plazos de afirmación están resultando más largos en
el tiempo de lo que se esperaba, al menos en Europa. Sistemas que suponen
la televisión del futuro están cumpliendo más lentamente
los plazos de lo que los analistas habían pensado.
La televisión generalista
hertziana y gestionada por introitos publicitarios, está demostrando
tener más larga vida de lo augurado. Por otra parte, estos canales
generalistas, sean de EEUU o Europa, forman parte de los paquetes que las
televisiones temáticas(digitales) están ofreciendo.
Se está también
demostrando que muchas de las emisiones comprendidas en los paquetes que
emiten las televisiones temáticas suponen un primer paso o, si se
quiere, una primera ventana (window) de productos que después
se pasarán en las televisiones generalistas.
Nueva estrategia de la
publicidad
Por su parte, la publicidad está invadiendo cada vez más
los contenidos de los programas. Conscientes de la eficacia publicitaria
del medio, pero también de la saturación de los spots
-el caso de España en este sentido es muy significativo- se recurre
a viejas experiencias y nuevas fórmulas que van desde el product
placement a la publicidad virtual, buscando cada vez más la
integración del mensaje dentro del propio producto, bien sea
éste de ficción o se trate de una retransmisión deportiva.
Sirvan estas consideraciones
mínimas para localizar el paisaje mediático en el que nos
movemos.
Cómo
queda la programación de televisión
Si éste es el panorama
-sucintamente enunciado- pasemos a examinar cómo puede quedar
la programación en lo que denominamos la televisión próxima,
ya que hablar del futuro supone unas consideraciones de prospectiva que
implican sectores muy diversos y algunos de ellos en evolución.
1) No es fácil
hablar de programas, al menos como hasta hace bien poco se venía
haciendo. La tipología televisual es cambiante y sobre todo
es mezcla, simbiosis. Muchos programas son mezcla a la vez de programas
tipo. Esta simbiosis responde a las necesidades programáticas
de fidelización constante de la audiencia, en una guerra mediática
que, en algunos países, es muy dura.
Este planteamiento, al menos
en las televisiones generalistas, está relacionado con la forma
de ver televisión, cada vez más compulsiva y que lleva a
los espectadores a consumir televisión saltando de programa en programa,
con lo que se descubre que el zapping representa un peligro mayor
del que hasta ahora se le atribuía.
2) Los programas
de tipo mosaico facilitan el seguimiento de los mismos y la integración
de la audiencia cuando el programa lleva ya tiempo de emisión. Estos
programas que denominamos mosaico son formatos light, su estructura es
sencilla, de fácil lectura por parte de los espectadores y permiten
ser seguidos en cualquier tramo, sin necesidad de conocer el comienzo.
Son mosaicos, puzzles y van desde un simple concurso a programas de "cotilleo"
o "crónicas sentimentales" pasando por los nuevos talk shows.
Tienen cabida también aquí los nuevos formatos bautizados
como reality soaps, a los que nos referiremos más adelante.
Estos formatos se identifican
con espectadores poco exigentes, grandes consumidores de televisión.
3) En los canales
generalistas va ganando terreno la ficción televisual. Aquí
también se notan algunos cambios. Brevemente apuntaremos algunos:
-
Cada vez hay una mayor demanda
de productos de ficción, sobre todo en el prime time.
-
En algunos países europeos
se abusa de la programación de los largometrajes; películas
realizadas para el cine, cuyo mercado natural son las salas de exhibición
pero que encuentran en los canales de televisión un mercado seguro
y muy rentable.
-
La falta de programas de producción
propia y del desarrollo de formatos como tv movies o miniseries,
obligan a la programación de los largometrajes, el único
género que comparece en las parrillas y cuyo destino no es únicamente
la televisión.
-
En algunos de estos países
la televisión está obligada a producir películas para
proteger la industria cinematográfica y a programar cupos
especiales de filmes nacionales. Mientras, curiosamente apenas se
apoyan proyectos de ficción típicamente televisuales
(series, comedias de situación, tv movies, mini series).
-
Con todo, el producto de ficción
nacional está desbancando a producciones muy sólidas, sobre
todo norteamericanas, del prime time.
4) Al margen de las coproducciones,
que permiten acometer proyectos importantes, en la mayoría de los
países de la Comunidad Europea se está desarrollando un tipo
de ficción doméstica, que alcanza en muchos casos unos
niveles de audiencia más que aceptables, como si el espectador agradeciera
el "producto casero" frente a series de mayor fuste y calidad técnica
proveniente del mercado americano.
Esto ha traído como consecuencia
un cambio en los formatos estandar. Así los programas que en principio
parecen comedias de situación, se tornan, a los pocos capítulos,
en dramas tragicómicos. En vez de durar la media hora preceptiva
de las sitcom, alcanzan una hora de duración
en detrimento del humor , que, más concentrado, ha sido la clave
de las sitcoms americanas
También series que
recuerdan más a los productos cinematográficos de serie B,
que a las series televisivas. En definitiva, productos "caseros" que tratan
de encontrar su mercado, y que en principio son bien aceptados.
5) En algunos de
estos casos la creatividad se sacrifica a la respuesta de la audiencia.
Me explicaré: en aquellos
programas cuyo proceso de producción está cercano al
de emisión, -lo que suele suceder en estas series domesticas grabadas
en soporte vídeo- a veces queda tiempo suficiente para potenciar
tramas y personajes en función de la respuesta del público.
La trama argumental se cambia en función de cómo
son recibidos determinados personajes o situaciones. Tenemos pues programas
de prime time que recuerdan, por su estructura, a los procesos de
las telenovelas. En este sentido la creatividad de los guionistas se sacrifica
en función de las prioridades y gustos de la audiencia.
6) Existe una cierta
tendencia a convertir al hombre de la calle en principal protagonista
de los programas. Bien sea en los tradicionales concursos, en los
de los vídeos amateurs, en otros de variedades, en los que se imitan
a los cantantes de moda, o en curiosas fórmulas modernas que, so
pretexto de experimentos sociológicos, entronizan lo que se
ha venido a denominar la telebasura.
Detengámonos aquí
en aquellos que se han calificado como reality soap y cuyo ejemplo
más representativo es el formato holandés de la productora
Endemol -hoy propiedad de Telefónica Española-
Big
Brother o el Gran Hermano.
El encerrar a una serie de
personas en una casa aislada y poder seguir su vida a lo largo de
meses, asistiendo a sus confesiones y a las sucesivas eliminaciones hasta
que solo uno queda finalista, era el argumento de esta reality soap.
En España Telecinco, que fue el canal que emitió Gran Hermano,
se sirvió del mismo para completar una experiencia programática
que he bautizado como "estrategia de irradiación". Si bien el plato
fuerte de la emisión tenía lugar en prime time, a diferentes
horas del día, y en diferentes conexiones con otros programas de
la cadena, se daba cumplida información de la vida que llevaban
los componentes de este "experimento". Se trataba de conseguir la mayor
audiencia posible en el prime time para atraerla después
a aquellas otras franjas, en la seguridad de crear una especie de sinergia
interna del programa que recorriera la parrilla entera de programación.
Al mismo tiempo, mediante conexiones vía Internet, la red suministraba
también información sobre el programa creando una cierta
interactividad. El experimento sirvió para que durante los
meses que duró la experiencia de "Gran Hermano", Telecinco liderase
las audiencias mensuales, pero que volviera a perderla en el momento en
que acabó el programa.
También en España
Antena 3, participada accionarialmente por Telefónica que había
comprado la productora Endemol propietaria de estos formatos, puso en antena
otro de ellos, "El Bus". El ejercicio programático era el mismo,
la "estrategia de irradiación" solo que esta vez el programa en
prime
time no alcanzó la audiencia esperada, y por tanto el
efecto irradiación no funcionó. El resultado es una notable
crisis, a causa de la parrilla de programación de la estación
otoñal, en ese canal. Y la demostración de la fragilidad
de las parrillas si estas no se construyen sólidamente.
7) La apuesta por
convertir al público en mera mercancía es peligrosa. Las
señales de alarma en Europa, sobre la necesidad de un control ético
que las propias compañías de televisión deben de ejercer
sobre sus contenidos, han sonado hace tiempo.
La programación conlleva
riesgo y estamos en épocas muy conservadoras a la hora de hablar
de programación. La clonación está de moda.
Se innova poco y mal.
La
televisión del futuro
La televisión del futuro estará marcada por los programas
convencionales de información y entretenimiento y por un nuevo signo:
los servicios. Hoy la tele se ha convertido en un gran supermercado y un
escaparate de formas de vida. La programación del futuro, en abierto
o empaquetada, tendrá que ver con quienes manejen los hilos
de la mismas, cada vez menos y más poderosos, como demuestran las
continuas fusiones, en este universo mediático.
Esa nueva televisión, mix de ocio, información y servicios
(o negocios), ha despertado la atención de muchos. Los programas
y los formatos estarán en función de quienes diseñen
la nueva actividad de este medio. Queda pensar cómo evolucionará
el espectador frente a esta televisión de la abundancia que las
nuevas tecnologías permiten, pero que para alimentarla necesitará
de buenas dosis de creatividad y buen gusto. O la televisión,
al menos como la entendíamos, habrá muerto.
El mercado latinoamericano
Hablar del mercado latinoamericano
es hacerlo de un complejo sistema, con predominio de una televisión
comercial que ha encontrado, en la mayoría de las ocasiones,
su tono vital que conecta muy bien con sus respectivas audiencias. Para
ello ha tenido que contar también con la inevitable concesión
a la programación de algunos formatos foráneos, fundamentalmente
provenientes del mercado norteamericano, pero también con una fuerte
y poderosa producción propia que ha sabido establecerse y convertirse
en "plaza fuerte" en los horarios estelares del "prime time".
Este mercado de habla hispana,
el segundo más importante del mundo audiovisual, ha creado productos
como la telenovela, una importante aportación a la tipología
televisual, que consigue un género sólido que ha encontrado
eco en mercados internacionales de todo el mundo, incluidos algunos tan
impensables como los emiratos árabes o aquellos del sudeste asiático,
con culturas tan diversas.
La solidez del mercado, la
importancia de la lengua y la creciente demanda de productos, además
de la tradición de las televisiones de algunos de estos países
latinos, nos hace augurar tiempos de notable apogeo para esos mercados.
Ese afincamiento del producto "hecho en casa" es una notable prueba de
vitalidad que quisieran para sí algunas cadenas de países
europeos.
El desarrollo del cable,
el "boom" de las emisoras locales, las expectativas del mercado publicitario,
además de la convergencia de nuevas tecnologías, convierten
a este mercado en uno de los más importantes .
La credibilidad, el riesgo
calculado y la imaginación para mantener su personalidad en un mercado
cambiante, son el reto más importante a la hora de hablar de la
programación de las cadenas latinoamericanas.
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