| Vietnam
fue un hito mediático trascendental: los periodistas tuvieron tantas
libertades para su cobertura que, para muchos militares norteamericanos,
su país perdió la guerra por esa falta de censura. Otro hito,
la Guerra del Golfo: fue la primera guerra transmitida en vivo y en directo
a todo el mundo, pero las fuerzas en conflicto, especialmente de E.U. -que
aprendió de Vietnam-, ejercieron un férreo control informativo,
aunque sus antecedentes en Granada, Panamá, Malvinas... ya anunciaron
una censura que, ahora sí, puso en práctica lo que el general
Sherman dijo en el marco de la guerra de Secesión norteamericana:
"Es imposible llevar a cabo una guerra teniendo una prensa libre".
Pero esto no libera
de responsabilidad a los periodistas. La historia de los últimos
cien años y su casi medio centenar de conflictos demuestra que en
la corresponsalía de guerra han habido verdaderos periodistas, casi
héroes, pero, también, propagandistas, creadores de mitos,
espías, mercenarios, diplomáticos. Así, el dilema
fundamental de estos corresponsales ha sido ser neutrales o tomar partido.
Y esto, muchas veces, se ha resuelto al margen de la ética: la "obediencia
debida" del periodista a su medio o patrón ("Ponga las ilustraciones
y yo pongo la guerra", le ordenó William R. Hearst a su periodista
y dibujante, Frederick Remington, acreditado en La Habana durante la guerra
de independencia cubana, a fines del siglo pasado) o a los ejércitos
de sus respectivos países, como en los casos de las dos guerras
mundiales, Malvinas, del Golfo... con el argumento de que el periodismo
debía apoyar a su nación; o porque el drama de la guerra
es una fuente inagotable para el periodismo de la muerte y la espectacularización
de la noticia, especialmente en TV, donde el negocio y el rating son determinantes
y la ética está ausente. |
Pero
también hay razones menos deleznables que afectan la neutralidad,
porque el periodista enfrenta duras pruebas emocionales al sufrir y vivir
conflictos bélicos, más aún en su propio país,
particularmente los que se dan a nombre de la "limpieza étnica",
las guerras de liberación, las luchas contra la opresión.
Y es que para muchos periodistas, que han sido testigos del enfrentamiento
entre lo justo y lo injusto, los oprimidos y los opresores; la imparcialidad
no es fácil, seres humanos al fin y al cabo toman posiciones y desde
ellas hacen su trabajo de manera brillante muchas veces, ahí están,
por ejemplo: Ernest Hemingway, Martha Gellhorn... Porque, en definitiva,
"La primera víctima de la guerra es la verdad", como lo señaló
el senador norteamericano Hiram Johnson, en 1917.
Con Corresponsales
de guerra, Chasqui plantea la discusión en torno a una
actividad muy riesgosa -en 1968, la empresa de seguros londinense Helmers
Cía. la catalogó como el oficio más peligroso del
mundo- y compleja. Presentamos artículos con una visión histórica
del dilema planteado, el rol del periodismo en la construcción de
una cultura de paz o de guerra, el derecho internacional y esta actividad,
semblanzas de conspicuos exponentes de este oficio y otros aspectos de
un tema muy actual, más aún porque la guerra, lamentablemente,
parece ser una condición inherente a la raza humana.
Excepto los textos
de Priess, Reyes y García&Fuentes, todos los demás de
este dossier fueron presentados en el I Encuentro Mundial de Corresponsales
de Guerra, convocado por el Instituto Internacional de Periodismo José
Martí y realizado en La Habana, entre el 24 y el 27 de noviembre
de 1998. Nuestro agradecimiento a Guillermo Cabrera A., director del instituto,
por permitirnos su publicación.
Fernando Checa Montúfar
Editor
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