Las
campañas políticas
Los repertorios utilizados
en las campañas políticas del año 2000 en México
tienen herramientas tanto del pasado como del futuro. En el país
confluyen estas tendencias sin que se haya dado una transición definitiva.
Podemos observar la permanencia de estructuras y organizaciones de
masas que captan grupos de ciudadanos para enfilarlos a un voto cautivo,
(como sindicatos, agrupaciones campesinas, grupos de presión de
diversa índole) y la promoción de programas de asistencia
social que -independientemente de su contribución a la satisfacción
de alguna necesidad sectorial- asocian sus productos a la acción
político-electoral de los gobiernos y/o partidos que los promueven.
A esta generación de actos de proselitismo pertenecen también
los mítines, los encuentros públicos de candidatos con diferentes
actores sociales, los diálogos con sectores productivos y agrupaciones
con algún tipo de liderazgo social.
Pareciera, no obstante, que
esta colección de técnicas no es suficiente para ganar una
elección en un país mayoritariamente urbano, donde se generan
resultados ambivalentes: algunos sectores sociales ven las medidas asistenciales
como adecuadas y otros encuentran indigno que la estrategia electoral
se confunda con la compra de la decisión soberana del pueblo en
el acto de elegir a los gobernantes. Lo que es una campaña enérgica
en audiencias rurales se desarrolla simultáneamente como una contra
campaña en las ciudades que concentran núcleos humanos
más grandes. Su eficacia, pues, necesita técnicas coadyuvantes
como las que se desarrollan por medio de la industria mediática
e Internet y propuestas nuevas para una clase media más demandante.
Este segundo abanico
de opciones se constituye con estudios de opinión y encuestas que
van orientando decisiones de opinión pública y también
estrategias de corrección electoral, la inserción publicitaria
en medios electrónicos de circulación nacional, los debates,
la creciente teatralidad de las declaraciones y modos de organizar los
mítines con miras a su repercusión mediática y hasta
la técnica de ir hacia los reflectores. Es decir, buscar los temas
importantes de la agenda periodística -como la toma de posesión
del nuevo jefe de gobierno en Chile- y lograr de rebote propaganda específica
en ciertos sectores de votantes. Las salas de prensa y las páginas
en Internet son centros de información que caminan paralelos a los
mítines tradicionales.
El acceso a los medios
A diferencia de campañas
celebradas dentro del sistema informativo de control de las masas, la condición
actual ha permitido accesos equitativos de los partidos políticos
a los medios, no solamente porque la ley así lo señala, sino
porque la ecuación medios-audiencias los necesitan para mantener
aceptables sus niveles de credibilidad y competencia. El Instituto Federal
Electoral realizó diversos monitoreos a lo largo del proceso notando
dinamismo y equilibrios, salvo en los siguientes casos: en la medida en
que se acercaba el día del sufragio la cobertura noticiosa de los
candidatos priístas aumentaba, en detrimento de los partidos de
oposición que en etapas intermedias habían logrado cierto
equilibrio informativo.
Estos cambios en el equilibrio
informativo se explican con facilidad si se analizan de manera conectada
con los resultados de las encuestas pos debate, realizadas el 26 de abril
y el 27 de mayo, las que mostraban avances importantes en los candidatos
de la oposición, especialmente de Vicente Fox del Partido Acción
Nacional. Después de setenta y un años de mantener el poder
federal en México y un compromiso de renovación que nunca
llegó, el Partido Revolucionario Institucional percibió un
descontento colectivo sobre sus acciones que amenazaban el éxito
electoral de su candidato presidencial Francisco Labastida, por lo que
fue necesario enterrar el logotipo del nuevo PRI, aquel de las manos bíblicas
que alzan el círculo como una hostia, convocando a los militantes
más duros, herederos del sistema autoritario de los tiempos de la
exclusión informativa. Por encima de las libertades ganadas, la
presión de un sistema abierto como el de la persuasión del
mercado, se revivieron prácticas de control informativo y de cooptación
corporativa del voto mediante programas asistenciales.
El control no pudo ser como
en décadas pasadas. Si bien es cierto que las líneas editoriales
de los noticieros televisivos se asemejaban notablemente y articulistas,
como Granados Chapa, afirmaban la complicidad entre los jefes de redacción
y los burós de comunicación del equipo de Labastida, los
métodos no podían ser tan evidentes como en el pasado. Uno
de los más sorpresivos fue la salida definitiva de Televisa de los
periodistas Jacobo y Abraham Zabludosvky así como Guillermo Ortega
Ruiz, dejando el lugar a Joaquín López Dóriga, cuyo
estilo agresivo y formalmente plural intentó consensuar a favor
de los intereses oficiales sin demasiada pérdida de credibilidad.
Los resultados de las encuestas, sin embargo, la crítica al viejo
sistema de hacer proselitismo, derivada de grupos de presión como
el clero, organizaciones civiles y la prensa internacional, fueron factores
claves que impidieron un reforzamiento de la campaña del priísta
Francisco Labastida Ochoa. Periódicos como el Financial Times, El
País, el Washington Post, CNN, San Antonio Express News, Cox News
Service, Dallas Morning News o The New York Times, cubrieron los procesos
de campaña en zonas rurales denunciando los métodos de la
dictadura perfecta, según la adjetivación de Vargas Llosa.
Los momentos más desventajosos
para la libertad de expresión se dieron en etapas claves del proceso.
El primero llegó con la pretensión de la Secretaría
de Gobernación de canalizar todos los fondos de publicidad del Estado
hacia Notimex, la agencia informativa oficial mexicana; la segunda, cuando
el Instituto Federal Electoral propuso una campaña para la concientización
ciudadana sobre el secreto del sufragio y se enfrentó con la negativa
de la Cámara de la Industria de la Radio y la Televisión
de aprobar dichos mensajes dentro de los tiempos oficiales a que tiene
derecho el Estado y, la tercera, cuando en cumplimiento de la ley se suspendieron
los actos proselitistas tres días antes de la elección, llegando
a suprimirse señales de noticieros extranjeros transmitidos por
cable.
El
mercadeo político
Si observamos la campaña
desde los momentos cumbres del drama electoral como lo son los debates,
veremos que la función de las encuestas, desplegados, spots radiofónicos
y televisivos y hasta los mítines populares, era remontar o mantener
una condición posicional de los candidatos. Los debates generaron
al día siguiente guerras de encuestas y remitidos para determinar
al ganador ante la opinión pública. En México, sin
embargo, la guerra verdadera se inició 11 días antes de la
elección, como lo señaló el diario de Yucatán
en una nota informativa.
Ocurre lo mismo con los debates.
La historia de los debates políticos en México no muestra
que sean compromisos con la capacidad argumental, tan
necesaria en la polis, ni voluntad democrática. Los debates, dentro
de la modesta experiencia mexicana, son espacios para
descalificar al contrincante, defender intereses y posicionamientos
en la carrera hacia el poder.
Con el arte de jugar con
las emociones humanas se cierra el círculo del marketing político.
La televisión es la nueva arena donde se empobrece el discurso ideológico
y se reconforta el imaginario de la seducción. A lo largo de todo
el proceso electoral, los tres principales partidos tejieron materiales
para crear atmósferas favorables a sus candidaturas.
La neo regulación
En condiciones de desregulación
de medios, la intervención del Instituto Federal Electoral(IFE),
como organizador de las elecciones federales en México, aportó
signos de invaluable dimensión, entre los que sobresalen llevar
a buen término las elecciones más competitivas de la historia
nacional y atajar frontalmente situaciones que hubieran generado mayor
confusión y desorden informativo que se añadieran a las variables
derivada de los candidatos. El propio candidato del PCD, Lic. Manuel Camacho
Solís, propuso al ejecutivo federal que el día de las elecciones
delegara al IFE las facultades regulatorias de los medios. En materia de
encuestas de salida y tendencias de voto el mismo día de las elecciones,
el IFE obligó a las empresas encuestadoras a informar sobre
su fuente de financiamiento para el conteo rápido o las encuestas
de salida que realizarían el dos de julio. Debían además
identificar a líderes del proyecto y sus principales puestos, el
estudio o la metodología utilizada y el método científico
del esquema y la selección.
Por otro lado, gestionó
con apoyo de la Secretaria de Gobernación siete espacios de cinco
minutos en cadena nacional de radio y televisión a lo largo de la
jornada electoral del dos de julio, para informar a la ciudadanía
sobre el desarrollo del proceso y, por la noche, para hacer públicas
las cifras del Programa de Resultados Electorales preliminares, que serían
los únicos resultados oficiales sobre la elección presidencial.
También hizo cumplir la abstinencia informativa normada por la ley
que, aunque puede interpretarse como un signo de censura, sobre todo a
medios internacionales, también es una señal de maduración
de un pueblo que intenta tener espacios de reflexión en medio de
intensas batallas verbales de sus candidatos. A lo largo de todo el proceso
el IFE realizó diversos monitoreos a medios de comunicación,
para informar los grandes desequilibrios informativos y dar a conocer a
los medios que seguían esa política como elemento de regulación
del mercado, de orientación a la opinión pública y
verificación de las leyes electorales.
Otros temas que pueden ser
regulados en el futuro por el IFE y que, de alguna manera, entraron en
la agenda de discusión colectiva son: la organización de
los debates políticos, los topes de gastos de campaña y la
inversión política en publicidad. En un país con un
obsoleto cuerpo legislativo de medios y una práctica desregulatoria
que hace ley, la ley del más fuerte vía mercado, estos hechos
son particularmente importantes.
Las encrucijadas de los
partidos
Los resultados de la
elección del dos de julio en México confirmaron las encuestas
que profetizaban un cambio fundamental. Vicente Fox del PAN da a
un partido de oposición por primera vez en la historia de México
la Presidencia de la República, quedando atrás un sistema
de partidos arcaico. Se confirma también la máxima
de que quien conquista los medios, conquista una elección. Tanto
el PRD como el PRI tuvieron serios obstáculos de imagen que no pudieron
corregir. El primero, cargaba sobre sus espaldas tres intentos de conseguir
la presidencia de la república sin conseguirlo, una cuestionada
administración en el Distrito Federal, un lastre caudillista de
dirigencia al interior de su partido y, además, una estrategia de
campaña que privilegiaba el contacto directo con la gente y la propuesta
ideológico política tan sólida como invariable. El
segundo fue un candidato gris aun en el proceso interno de selección
del PRI, como lo demostró Roberto Madrazo, el más mediático
de los pre candidatos a la Presidencia, exhibiendo a Francisco Labastida
como un fracasado en red nacional. El candidato del partido histórico
no pudo remontar esta imagen, creada desde su propia institución
política y, por otro lado, la imagen de renovación del nuevo
PRI no fue capaz de aglutinar a la ciudadanía en medio de un comportamiento
más equitativo y justo de accesos a la prensa.
El comportamiento mediático
de Fox está a la vista. La imagen del candidato parece estar hecha
espontáneamente para ganar espacios en las pantallas y sin miedo
a cometer equivocaciones. Le habla con familiaridad a diversos y opuestos
grupos sociales, utilizando sus símbolos más comunes. Sus
debilidades fueron manejadas como fortalezas - imágenes de terquedad
irracional en una mesa de discusión sobre los debates que le propinó
un descalabro importante que pareció costarle la elección,
su pésimo manejo del idioma y su ignorancia manifiesta sobre la
historia nacional- y aun olvidadas por un electorado con un marco de referencia
duro y bien construido: el hartazgo de un sistema sin alternancia política.
El trabajo político de convocar a amplios sectores de la izquierda
y de incorporar a viejos políticos descontentos con el sistema,
mantuvieron a la opinión pública con la certeza de la viabilidad
política y electoral de este proyecto cuyo mayor éxito es
sacar al PRI de la Presidencia de la República.
La
pedagogía de la vídeo-elección
La etapa sensorial masiva
de la tecnología de los medios de comunicación, la implantación
de un sistema informativo de persuasión social y las condiciones
para el desarrollo de un populismo neo liberal han venido juntos. Para
lograr la persuasión de las masas, el sistema político ha
hecho uso de todas las herramientas de la vieja retórica en su vertiente
no aristotélica: no se trata de persuadir con argumentos, sino de
seducir con imágenes emocionales, tópicos y palabras que
rompan obstáculos y generen identificación entre candidatos
y electorado. La propaganda encuentra, pues, vía expedita; con ella
se cierra el círculo, y el terrible poder del discurso humano.
Nada o muy poco de ideología.
La televisión favorece la personalización de la política
aún más en un régimen presidencialista en proceso
de acotación como el nuestro. También favorece el empobrecimiento
del pensamiento abstracto y la sub información: vimos todos los
días diversos espectáculos de proselitismo, el gallo de pelea,
los mariachis, los globos, la animación, la música de Juanga,
los streppers, y el mesianismo individual de Allá en el rancho
grande y la factura de cerca de mil millones de pesos en publicidad.
La gran utopía de Tocqueville sobre la prensa también ha
tenido en el gran pensador la anticipación de sus contradicciones:
a) los hombres se sentirán iguales e independientes, b) tendrán
ideas sencillas sobre todo gracias a la cultura de masas, c) la igualdad
será favorecida por el Estado que acrecentará la debilidad
del individuo, d) aumento de las elites tecnoeconómicas y del poder
central.
Vivimos en México
un sistema informativo de persuasión social, basado en el mercado
audiovisual y la difusión masiva de imágenes sensoriales,
un presidencialismo de fin de siglo y un régimen de partidos tradicionales,
con cargas ideológicas que aún no pueden posicionarse en
el electorado fuera de estos marcos referentes de la fantasía televisiva.
Como en otros países como Argentina, Perú, Venezuela o Ecuador,
México flota entre su tradición ideológica y el nuevo
populismo neo liberal y televisivo.
El ciudadano que nace con
el México independiente sigue su curso de maduración y fortalecimiento
pedagógico al iniciar un nuevo siglo: obedecerse a sí mismo,
identificar -gobernantes y gobernados- la naturaleza y los límites
del poder que el estado puede ejercer contra el individuo en nombre de
toda la sociedad. Para ello, sin embargo, requerimos mayor información
de calidad para tomar mejores decisiones y ampliar los niveles de participación
social y política. Si logramos ampliar ambas, información
y participación, entonces diremos que hemos entrado en un círculo
virtuoso de transformación social. |