| Tanto interés
como escepticismo
Nuestra llegada a las redacciones latinoamericanas,
por lo general, provocaba una curiosa mezcla de interés y escepticismo.
Los colegas reconocían la importancia del periodismo de investigación
y algunos lo practicaban ya con resultados notables, pero pocos habían
utilizado las herramientas como Internet, hojas de cálculo y administradores
de bases de datos.
Más aún, cuando mostrábamos
algunos ejemplos de PAC hechos en Estados Unidos, muchos reaccionaban con
una especie de "envidia de la computadora": los reportajes les parecían
excelentes, pero esgrimían todo tipo de argumentos para explicar
por qué este tipo de periodismo no se puede practicar en América
Latina. Algunos decían que en nuestros países no existe información
en formato electrónico o que las estadísticas oficiales no
son confiables, mientras que otros insistían en que pocos reporteros
de la región tienen acceso a computadoras modernas y acceso a Internet.
En lo que todos coincidían,
y por supuesto es un obstáculo considerable, es que, dada la cultura
política tradicional que persiste en América Latina, los
políticos y burócratas tienden a considerar la información
pública como un recurso personal y asumen el derecho de compartirla
o no con la prensa y con la sociedad en general. Este problema es particularmente
serio en países como México, donde la ley de acceso a la
información es ambigua y casi inútil, y en países
con un pasado autoritario reciente, en los que las restricciones ilegítimas
a la investigación periodística aún se disfrazan como
"consideraciones de seguridad nacional".
En estos tres años, sin embargo,
hemos confirmado que la investigación periodística por medio
de técnicas computarizadas no solo es posible en América
Latina, sino que su uso puede contribuir a erosionar el monopolio oficial
de la información. Por ejemplo, los reporteros pueden encontrar
en Internet fuentes alternativas para llegar a lo que algunos funcionarios
pretenden ocultar, y después analizar esa información mediante
hojas de cálculo o administradores de bases de datos y después
compararla con los comunicados de prensa oficiales. Una vez que se publican
los reportajes esos mismos funcionarios se ven obligados a responder, y
en ocasiones el resultado es la liberación de la información
que antes limitaban. No es un proceso automático ni demasiado frecuente,
pero ocurre.
Al mismo tiempo, los reporteros latinoamericanos
están constatando que gran parte de la información oficial
que sí está disponible -incluyendo censos, estadísticas
de salud y datos electorales- no solo es confiable, sino que representa
un tesoro periodístico que hasta la fecha no ha sido suficientemente
explotado.
También es curioso comprobar
cómo muchas dependencias gubernamentales, en su afán por
aparecer modernas, mantienen sitios muy completos en Internet en los que
puede obtenerse con rapidez la información que un reportero tardaría
días o semanas en conseguir en las oficinas de prensa tradicionales,
debido a la mala organización o al retraso burócratico intencional.
Los reporteros latinoamericanos también
recurren cada vez más a la información producida en el sector
privado, incluyendo por supuesto la información financiera y económica.
Aquí es más común que los administradores de la información
estén dispuestos a compartir sus archivos y, además, que
estén disponibles en formato electrónico y listos para ser
analizados.
Algunos ejemplos,
algunos resultados
Nuestros talleres son bastante interactivos
y muchos colegas que participan en ellos empiezan de inmediato a aplicar
las técnicas que aprenden. Por ejemplo, durante un taller sobre
el programa
Access que impartimos en Brasil, utilizamos como ejemplo datos del Servicio
de Inmigración y Naturalización de Estados Unidos, sobre
inmigrantes latinoamericanos a este país. Pocos días después
uno de los reporteros participantes en el taller publicó una nota
de primera plana sobre la "fuga" de ejecutivos brasileños a Estados
Unidos, atraídos por la economía del país. Es
cierto que no era un novicio en el PAC, pero hemos visto a muchos otros
colegas, sin capacitación previa en estas herramientas, que aun
antes de que terminara el taller empiezan a utilizarlas en su trabajo o
por lo menos sacan las empolvadas cajas de recortes para empezar a modernizar
sus archivos.
Algunos colegas están haciendo
trabajos muy interesantes mediante la creación de bases de datos
propias, a partir de información que logran obtener en formato impreso.
Por ejemplo, tanto en México (diario Público de Guadalajara)
como en Venezuela (Carlos Subero, de El Universal de Caracas) han aparecido
reportajes sobre el perfil y las historias humanas de las personas sentenciadas
por delitos de narcotráfico.
En ambos casos los reporteros obtuvieron
la información de fuentes judiciales -en Venezuela fue relativamente
fácil, en México fue una verdadera batalla- para después
diseñar su base de datos, captar la información y analizarla
mediante la computadora. El reportaje de Público, por ejemplo, demostró
que tan solo el 5% de los arrestos había sido resultado de la investigación
policiaca. El resto de los sentenciados cayó en manos de la justicia
debido a cateos al azar, delaciones o incluso accidentes de tráfico.
Los reporteros latinoamericanos
también están sacando provecho de aquellos campos en los
que está mejorando el acceso a la información, incluyendo
la información oficial en formato digital. Jose Roberto Toledo,
del diario Folha de Sao Paulo, ha utilizado información estadística
producida por dependencias del gobierno para hacer retratos, con frecuencia
estremecedores, de su sociedad. El año pasado usó datos del
Ministerio de Salud para informar a los lectores de Sao Paulo que en esa
ciudad el homicidio es la causa de muerte entre niños de 10 a 14
años de edad, y que en un gran número de casos los asesinos
son los padres.
Otro terreno fértil es el de
la cobertura electoral. En muchos países latinoamericanos existen
abundantes datos electorales, compilados tanto por el gobierno como por
organismos privados, y que con frecuencia pueden obtenerse en Internet.
Tomemos el ejemplo de México: en las controvertidas elecciones de
1988, los resultados de algunas casillas rurales tardaron varios días
en llegar a la ciudad de México. Seis años después,
en las elecciones de 1994, las autoridades electorales empezaron a subir
a Internet los conteos iniciales en la noche misma de las elecciones, y
para la madrugada siguiente los reporteros mexicanos y extranjeros tenían
resultados extraoficiales muy completos.
Hay otra veta potencial que no hemos
explotado plenamente, quizás porque las leyes al respecto son nuevas
en muchos países: el financiamiento de las campañas políticas
y la relación entre los intereses privados y el comportamiento de
los funcionarios electos. La información no es tan abundante como
en otras regiones, pero está mejorando y la que existe en algunos
países se presta ya para seguimientos periodísticos avanzados.
Mientras tanto, los periodistas latinoamericanos
han encontrado nuevas formas para burlar los obstáculos al acceso
a la información; una de ellas es buscar en otros países
lo que se trata de ocultar en los suyos. Para ello Internet es particularmente
útil, ya que permite identificar y hacer contacto con fuentes internacionales
-académicas, periodísticas, no gubernamentales y aun sitios
de otros gobiernos- que ofrecen información relevante para los países
latinoamericanos.
Gerardo Reyes, reportero del diario
The Miami Herald, narra una anécdota significativa. Durante un taller
de Internet para periodistas centroamericanos utilizó como ejemplo
el sitio de la General Accounting Office, una dependencia que evalúa
las actividades del Congreso de Estados Unidos. De pronto un participante
saltó de su asiento, ya que navegando al azar había dado
con datos sobre la ayuda militar de Estados Unidos a su país. Corrió
entusiasmado al teléfono para notificar a su diario del hallazgo
porque, según explicó, a nivel doméstico su gobierno
aún oculta esa información por "razones de seguridad nacional".
El fin de la guerra fría también
contribuye a abrir nuevas vetas. La reportera mexicana Claudia Fernández
utilizó Internet -y mucha paciencia- para hacer un interesante reportaje
sobre el papel de la KGB en México durante los años 50, cuando
la capital de este país era una especie de Viena latinoamericana
en la que pululaban espías estadounidenses, soviéticos y
de otros países de la OTAN y del Pacto de Varsovia.
Claudia recurrió a la página
de National Security Archives, una ONG estadounidense que obtiene, clasifica
y distribuye documentos desclasificados por Washington, para consultar
centenares de cables enviados a Moscú por la embajada soviética
en México. Con esa información pudo describir las actividades,
los sobrenombres e incluso la identidad real de muchos mexicanos -incluyendo
militantes, artistas y gente de la calle-quienes colaboraron con la KGB
en esa época.
Algunos problemas
Un problema real es que si bien hay
carencias técnicas en muchas redacciones, cuando los medios hacen
esfuerzos por dotar de equipo moderno a los reporteros es frecuente
que estos se resistan a capacitarse para utilizarlos, bien por temor a
la tecnología o bien porque consideran que su tiempo es demasiado
"valioso" para perderlo aprendiendo a usar las computadoras.
Hemos visto, en demasiadas redacciones,
computadoras modernas reducidas a máquinas de escribir electrónicas,
y con frecuencia los reporteros ni siquiera sospechan los recursos que
se esconden en un directorio de Office que quizás nunca han abierto.
Consideran que es más fácil acudir al centro de información
de su medio, cuando existe, o al boletín oficial.
Por su parte, muchas empresas periodísticas
tampoco parecen demasiado interesadas en invertir en la capacitación
de sus reporteros para promover el uso del PAC. Su leitmotiv es la recurrente
crisis económica, pero en realidad muchos medios de la región
aún no están convencidos del potencial que representan el
periodismo de investigación y el PAC para competir con sus rivales.
Y también hay riesgos. Por ejemplo,
algunos colegas se entusiasman con la información obtenida en Internet
o con los datos duros propios del análisis mediante hojas de cálculo
y administradores de bases de datos, y se olvidan de lo básico,
incluyendo la obligación de usar la información para escribir
un reportaje interesante. Con frecuencia se publican notas que no son más
que párrafos áridos alrededor de varias tablas y gráficos,
o reportajes fallidos que se desfallecen unas líneas abajo de la
entrada.
Esto, confiamos, es algo que irá
desapareciendo a medida que se termine la novedad para los reporteros y
para los lectores, y en especial cuando los editores, que actualmente están
deslumbrados con las posibilidades del PAC, retomen los lápices
y vuelvan a hacer su trabajo.
Puede surgir un problema cuando quienes
se inician en el PAC no tienen también una comprensión apropiada
de los temas que cubren o carecen incluso de conocimientos básicos
de estadística. Por ello, la creciente facilidad de uso de los nuevos
programas puede provocar que los reporteros inexpertos manipulen los datos
de manera que arrojen conclusiones sesgadas o de plano incorrectas, las
que pueden aparecer en el diario como "noticia". La computadora permite
hacer miles de operaciones por segundo, pero también se presta a
cometer miles de errores por segundo.
Sin embargo, estos y otros problemas
tenderán a disminuir a medida que los reporteros y, por supuesto,
los lectores, sean más refinados y exigentes. A ello puede contribuir
la expansión de una red de periodistas dedicados al PAC quienes,
además de ampliar sus habilidades, estén dispuestos a compartirlas
con colegas recién llegados a este campo.
Pero, además, el conocimiento
y el uso del PAC en América Latina puede ayudar a superar el antiguo
debate sobre si el periodismo de investigación es una especialidad
en sí misma o si, como afirma Gabriel García Márquez,
se trata de una expresión redundante. Es común que muchos
egresados de las escuelas de periodismo tengan sueños de convertirse
en estrellas del periodismo de investigación, y también es
claro que ese tipo de vacantes son muy escasas. Pero lo que sí es
posible es que todos los jóvenes periodistas conozcan la metodología
del periodismo de investigación y se capaciten en las técnicas
y herramientas del PAC, y apliquen esos conocimientos en su trabajo cotidiano.
De esa manera, si bien no tendremos legiones de periodistas investigadores,
sí habrá un creciente número de reporteros rigurosos
y sofisticados quienes contribuirán a incrementar la calidad del
periodismo en general.
|