El
problema
Según estimaciones de organismos de defensa de los derechos humanos,
la violencia política ha causado en Perú más de 28.000
muertes, cifra que encierra un alto porcentaje de población civil.
Se calcula que entre los años 1980 y 1992 desaparecieron unas 5.000
personas y se han producido 600 ejecuciones extrajudiciales.
Así mismo, las evaluaciones
realizadas en los últimos cuatro años por organismos de defensa
de los derechos humanos, tanto nacionales como internacionales, señalan
que en el Perú continúa la violación de los derechos
humanos y la impunidad, a pesar de haber sido derrotado, política
y militarmente, el grupo terrorista Sendero Luminoso.
El tema se reactualiza
La decisión del gobierno peruano de retirarse al fuero contencioso
de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, adoptada a mediados del
año 1999, trajo nuevamente al centro del debate el tema de la vigencia
de los derechos humanos en el Perú, aunque en esta oportunidad la
discusión incidió también en aspectos de orden conceptual.
En efecto, representantes del gobierno e intelectuales vinculados al régimen
que han respaldado la decisión del gobierno, en el fondo cuestionan
los derechos universales, su sentido de obligatorios y exigibles en todas
las regiones del mundo, más allá de las condiciones culturales,
políticas y sociales de cada país.
Altos funcionarios oficiales han fundamentado la decisión del gobierno
recurriendo a la perspectiva del relativismo cultural, según la
cual no puede haber valores universales en la medida en que en el mundo
hay diferentes realidades socio culturales. En otras palabras, afirmando
que lo que es válido en Occidente no necesariamente lo es en otra
región.
Contradicción
flagrante
El gobierno ha sostenido
enfáticamente y lo proclama, que en el Perú se respetan los
derechos humanos. Sin embargo, a lo largo de dos décadas, el Estado
a través de sus organismos especializados se ha encargado de implantar
un conjunto de medidas que en la práctica han demostrado todo lo
contrario.
Se cuestionan los derechos
humanos apelando a la defensa de otros derechos, esgrimiendo la necesidad
de revisar su concepción "tradicional", sometiéndola al filtro
de las condiciones sociales y políticas de cada región.
¿Cómo exigir
que el Estado respete el derecho a la vida y la integridad física
en circunstancias excepcionales, cuando por ejemplo, los terroristas amenazan
al conjunto de la sociedad? ¿Se puede permitir que la presión
internacional termine por afectar la imagen internacional del país
y violente la soberanía nacional?
Así, la postura del
gobierno y de los intelectuales que la respaldan genera, en la práctica,
un retroceso en la evolución y avance de los derechos humanos en
el país, cuya tendencia general ha ido más bien hacia el
reconocimiento y delimitación de un mayor número de derechos
en beneficio de todas las personas, sin ninguna excepción.
Pese a todo, en materia
de derechos humanos se han logrado avances alentadores en el reconocimiento
que implican atribuciones significativas tanto para la existencia política
como para la existencia económica, social y cultural de los ciudadanos,
lo que debe entenderse como la afirmación de su carácter
de fundamentales en cualquier orden político-jurídico moderno.
Percepción de los
derechos humanos
El análisis realizado
determinó que en buena parte de la década de 1980 ha primado,
en amplios sectores de la sociedad, una suerte de tolerancia y en ciertos
casos respaldo a prácticas violatorias de los derechos humanos por
parte del Estado, en el marco de la lucha antisubversiva, principalmente
los derechos de primera generación o elementales como el derecho
a la vida, la integridad y la libertad.
Esta manera de percibir el
problema expresaba, probablemente, una incipiente interiorización
de la propia noción de derechos humanos en determinadas elites políticas
y en un sector importante de la población en el país, principalmente
de Lima y otras zonas no afectadas directamente por el problema de la violencia.
Además, en las exigencias
para el restablecimiento del orden interno y el principio de autoridad,
planteadas por importantes sectores políticos y económicos
del país, no aparecía con claridad la importancia de combatir
a los grupos subversivos en un marco de respeto por los derechos humanos.
A fines de los 80 y comienzos
de la década de 1990, en el fragor de la guerra interna, se fue
configurando en gran parte de la sociedad una actitud más crítica
y cuestionadora de la política de guerra sucia llevada a cabo por
las fuerzas del orden, basada en torturas, desapariciones y ejecuciones
extrajudiciales.
Avances y retrocesos
Este proceso, sin embargo,
ha sido sumamente complejo y ha estado caracterizado por avances y retrocesos,
muchas veces influenciados por coyunturas políticas y económicas
específicas.
Estos cambios en las percepciones
sociales sobre los derechos humanos se han visto promovidos y al mismo
tiempo reflejados por la prensa peruana, en el entendido en que los principales
diarios de circulación nacional constituyen instituciones que producen
y reproducen realidad social (simbólica), participando significativamente
en la construcción de sentidos comunes, básicamente en aquellos
campos de la vida política y social del país en los cuales
las personas no tienen posibilidades de realizar una confrontación
o contraste directo de los acontecimientos.
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